domingo, 31 de julio de 2022

El día de mi santo

      

      Desde muy pequeño siempre celebro el día de mi santo, Ignacio de Loyola. En casa de mis padres, los cumpleaños, solían pasar sin pena ni gloria. 

      El santo lo suelo celebrar un poco a mi peculiar manera; leo algunos párrafos de alguna obra de San Ignacio, releo algunas de sus frases más conocidas y reflexiono sobre una de ellas elegida al azar. Lo hago adoptando un punto de vista un poco extravagante, algo curioso y, quizás, también expectante. 

      Hoy ─esta mañana temprano─ también he pensado un rato en el párrafo que Napoleón Bonaparte escribió en sus memorias sobre los jesuitas: «Los jesuitas son una organización militar, no una orden religiosa. Su jefe es el general de un ejército, no el mero abad de un monasterio. Y el objetivo de esta organización es Poder, Poder en su más despótico ejercicio, Poder absoluto, universal, Poder para controlar al mundo bajo la voluntad de un solo hombre [El Superior General de los Jesuitas]. El Jesuitismo es el más absoluto de los despotismos y, a la vez, es el más grandioso y enorme de los abusos». ¿Qué tipo de información manejaría Napoleón en aquel tiempo sobre los jesuitas? 

      Inmerso en todo esto después me pregunté: ¿Qué opinaría Ignacio de Loyola sobre la "Agenda 2030"? A partir de ahí me sumergí en la lectura del extenso artículo «La Agenda 2030 para el desarrollo y las religiones» del padre Jaime Tatay S.J., por si me aclaraba algo. Desde luego se trata de un escrito intelectualmente valioso, pero no me ha sacado de mis nebulosas. 

      Con la mano en el mentón como la estatua de "El Pensador" calculé: hoy es 31 de julio de 2022, han transcurrido 466 años desde la muerte de Ignacio de Loyola y ahí sigue. El espíritu de la Compañía llega hasta la época actual con el mismo bagaje que siempre le caracterizó. Ha ido en vanguardia, interpretando siempre los signos de los tiempos, abriendo vías y senderos para ir ajustándose a las necesidades de cada momento.

      Bueno,... llego hasta aquí. Es mi hora de desayunar. 

      Muchísimas felicidades a todos los Ignacios, pasad un día fantástico, el mismo que deseo para mí. Un gran abrazo.

miércoles, 27 de julio de 2022

El pastoreo de la gente

 

      Estas anteriores noches de calor han sido terribles, pero cuando con ese hervor nocturno te pones a reflexionar, la cosa se pone aún peor y muchas veces llegamos a la distopía de «1984».

      Hace unos días, y no recuerdo dónde, leí una especie de parábola que primero me hizo sonreír pero que después me caló más hondo.

      Venía a decir la historia que los pobres ciudadanos de todos los países ─por generalizar─ formamos parte de un gran rebaño de estúpidos animales en manos de unos poderes disfrazados de pastores, estos ovejeros, aparentan cuidar del ganado (que somos nosotros, no lo olviden) y que nos defienden de los lobos, que nos tratan de curar de cualquier Covid que haya por ahí. Con estos y otros espejismos nos hacen olvidar su auténtica meta, que es sacar alguna ganancia de cada animal del hato.

      Hagamos uso ─un poco─ de la disminuida imaginación que nos queda (o nos dejan tener). Vamos a pensar una pizca... ¿Si fuésemos uno de estos animalitos seríamos capaces de vivir fuera de esa hacienda sin esos pastores que nos protegen y nos cuidan? ¿Escogemos, sin dudar, una vida atada a la manada y a las ordenes de los que nos pastorean hasta que nos lleven al matadero? ¿Nos decantamos por seguir subsistiendo dentro de la jaula en vez de volar en libertad?