Los
que hayan leído algún escrito en los me refiero a ella (cosa que
recomiendo) sabrán que es lista, rápida y va un poco a lo que le
interesa en ese momento.
Me
abordó así:
─Oye, Ignacio, el otro día
estuve en una charla sobre psicología y la ponente dijo algo que me
dejó pensando. Dijo que «buscar la felicidad» era un objetivo
equivocado. ¿No te parece un poco raro?
Siguió hablando si esperar
ninguna respuesta.
─Sí, sí, luego lo desarrolló.
Hablaba de un tal Martin Seligman y de algo llamado Psicología
Positiva. Al parecer, la felicidad y el bienestar no son la misma
cosa, aunque todo el mundo los use como sinónimos.
─Espera, espera ─dije,
tratando de interrumpirla─. Para mí siempre han sido lo mismo. Si
estoy bien, soy feliz. Si soy feliz, estoy bien. ¿Dónde está la
diferencia?
─Exactamente lo que yo pensaba.
Pero resulta que no. Y cuando lo entiendes, tiene mucho sentido.
Mira, la felicidad, en el sentido más estricto de la psicología, es
básicamente una emoción. Un estado de ánimo positivo. Es lo que
sientes cuando te comes un buen plato de comida, cuando tu equipo
gana, o cuando te ríes hasta que te duele la barriga.
─Bueno, eso suena bastante bien
a mí...
─¡Claro! Y lo es. Pero fíjate
en algo: ¿cuánto dura eso?
─Pues... no sé, un rato. A
veces unas horas, a veces el día.
─Exacto. La felicidad es
efímera por naturaleza. Funciona como una montaña rusa: sube, baja,
sube, baja. Depende mucho de lo que te pase alrededor. Y ahí está
el problema: si tu objetivo en la vida es «ser feliz», estás
persiguiendo algo que, por definición, no puedes mantener de forma
constante. Fíjate
que puede sonar deprimente, pero no es así, porque
ahí entra el concepto de bienestar, y es mucho más interesante.
Seligman —que fue presidente de la Asociación Americana de
Psicología, no es un cualquiera— empezó su carrera convencido de
que el objetivo de la psicología positiva era maximizar la
felicidad. Pero a mitad de camino se dio cuenta de que la palabra
«felicidad» estaba demasiado ligada a la sonrisa y al buen humor
del momento. Así que en 2011, en su libro Florecer,
dio un giro radical y dijo: «El
objetivo real no es la felicidad, es el bienestar».
Puse
cara dubitativa y le dije:
─¿Y qué es exactamente el
bienestar para él?
─Piénsalo así: la felicidad
es el clima de hoy. El bienestar es la solidez de la casa donde
vives. Aunque llueva, aunque haga frío, la casa aguanta. Para
explicarlo, Martin Seligman creó un modelo que se llama PERMA, que
son las siglas de cinco pilares. La P es de Positive
Emotions, las emociones
positivas. Ahí es donde encaja la felicidad tradicional: la alegría,
el placer, el disfrute. Hasta ahí, todo normal.
Selena prosiguió:
─La E es de Engagement,
que vendría a ser algo como «compromiso» o «flujo». ¿Has tenido
alguna vez esa sensación de estar tan metido en algo —un
videojuego, un libro, tocando la guitarra— que pierdes
completamente la noción del tiempo?
─Sí, claro. A mí me pasa
cuando estoy pintando algo que me está gustando, que me pongo a ello
y de repente han pasado tres horas.
─Pues eso es el flow,
el estado de flujo. Y aquí viene lo curioso: en ese momento,
mientras estás en ese estado de absorción total, ¿estás «feliz»
en el sentido de que tienes una gran sonrisa y estás pensando «qué
maravillosa es mi vida»?
─No, la verdad. Estoy
concentrado, sin pensar en nada más.
─¡Exactamente! No estás
«feliz» en el sentido emocional clásico, pero ese momento
contribuye enormemente a tu bienestar. Ahí está en truco: los cinco
elementos del PERMA funcionan de forma independiente. No necesitan de
los demás para tener valor.
─Vaya, no lo había visto así.
¿Y los otros tres?
─La R es de Relationships,
las relaciones. No hace falta explicarlo mucho: los seres humanos
somos animales sociales. Sentirte querido, apoyado, parte de algo con
otras personas... eso alimenta el bienestar de una manera que ningún
logro individual puede reemplazar. La M es de Meaning,
el propósito. Es sentir que tu vida está conectada con algo más
grande que tú mismo: tu familia, una causa, tu trabajo, tus valores.
Y la A es de Accomplishment,
el logro. El placer de perseguir metas y alcanzarlas, incluso cuando
no dan una recompensa inmediata.
─Un momento. Eso del 'logro' me
llama la atención. Porque a veces consigo algo después de mucho
esfuerzo y no me siento especialmente eufórico. ¿Eso cuenta como
bienestar igualmente?
─¡Esa es una pregunta clave! Y
la respuesta es sí. De hecho, ese es el ejemplo perfecto de la
diferencia entre 'felicidad' y 'bienestar'. Imagínate que llevas
meses preparando unas oposiciones duras. Hay días de estrés, de
dudas, de cansancio. No estás «feliz» en esos momentos. Pero
cuando apruebas, y miras atrás, sientes algo mucho más profundo que
una emoción pasajera.
─Orgullo, supongo.
Satisfacción.
─Exacto. Eso es bienestar. O
piensa en criar a un hijo: hay días agotadores, preocupantes, que no
tienen nada de «felices» en el sentido superficial. Y sin embargo,
para la mayoría de los padres, es la fuente de bienestar más grande
de su vida, porque está lleno de propósito, de vínculos, de logro.
─Es verdad. Muchos padres lo
dicen, los años con los niños pequeños fueron los más duros y los
mejores de su vida a la vez.
Selena puntualizó:
─Observa que eso no tiene
ningún sentido desde la lógica de «busca
la felicidad y evita el dolor».
Pero tiene todo el sentido desde la lógica del bienestar.
─Entonces, resumiendo: ¿la
felicidad sería solo una parte del bienestar?
─Exactamente. Para Seligman, la
felicidad es solo la primera pata de la mesa. Una pata importante,
por supuesto, pero si solo te apoyas en ella, la mesa se cae.
Necesitas las cinco. Y lo más liberador de todo esto es que deja de
tener sentido la obsesión de «tengo
que ser feliz ahora mismo».
Puedes estar pasándola mal un día concreto —y eso es totalmente
legítimo— y aun así estar construyendo una vida plena.
─Oye, pues me ha dado que
pensar. Creo que yo llevo toda la vida intentando hacer máxima la
felicidad a corto plazo y olvidándome del cuadro completo.
─Bienvenido al club. La
conferenciante terminó diciendo algo que se me quedó grabado: «No
te obsesiones con sonreír hoy. Preocúpate por florecer mañana».
Y terminé diciéndole:
─Buena frase; la enmarcaría.
Venga, te invito a una cerveza por abajo. Que ya que estamos
construyendo bienestar, algo de Relaciones positivas hay que
cultivar.