En nuestra conversación vespertina de ayer Selena me decía:
─Ojalá existiera una receta. Una lista clara, unos pasos concretos, para gozar de una buena salud psicológica. Pero eso no funciona así y creo que todos lo sabemos.
Selena suele ser invasiva respecto a imponer el tema de conversación que le interesa o conviene, así que me limité a fruncir el entrecejo y responder con lentitud:
─Creo que lo que sí tenemos es conocimiento acumulado, años de psicología condensados en algo que no es magia, pero se le parece. Lo que quiero decir es que, quizás, unas pocas ideas bien practicadas, pueden cambiar bastante las cosas. ¿No?
Selena sonrió al ver como la empecé a seguir y dijo:
─Pienso que la primera cuestión tiene que ver con nosotros mismos. La relación que tenemos con nosotros mismos lo colorea todo. No hablo vanidad ni de pensamiento positivo forzado. Habló de algo más sencillo y más difícil a la vez: creer que valemos como personas, con nuestras contradicciones y nuestras grietas incluidas. Aceptémonos.
Selena respiró profundamente y prosiguió hablando:
—El autodesprecio crónico lleva a lugares oscuros —la culpa, la vergüenza, la depresión— y salir de ahí cuesta mucho más que haber entrado. Pero aceptarse no significa rendirse.
Hablaba con serena lentitud e hizo una pausa, yo la escuchaba atento. Siguió:
—Hay cosas que se pueden cambiar y cosas que no, y aprender a distinguirlas es quizás el ejercicio más honesto que existe. Cuando podemos actuar, actuamos. Cuando no podemos cambiar nada, aprendemos a soltar. No es conformismo: es inteligencia emocional en su forma más pura, aunque nadie lo llame así en el día a día. Es pelear por salir adelante, esta es la segunda cosa.
Paré unos segundos para intentar asimilarlo todo. Luego respondí:
─Supongo que luego, el tercer asunto, está lo que nos rodea. Vivimos en un mundo raro, hiperconectado y profundamente solitario al mismo tiempo.
Selena tomó de nuevo la palabra diciendo:
—Las pantallas están llenas de gente, pero a veces cuesta encontrar a alguien con quien hablar de verdad... Y sin embargo, ese deseo de contacto genuino no desaparece: lo delata cada mensaje que enviamos, cada llamada que dura más de lo previsto. Cuidar las relaciones no es un lujo. Es estructura, es sostén, es parte de lo que nos mantiene enteros, ¿no es así?
─Por supuesto, tienes razón ─contesté a Selena.
—Y, cuarto punto —siguió ella. Quizás lo más íntimo de todo; está la sensación de llevar el timón. Cuando sentimos que nuestras decisiones son nuestras, que no estamos siendo arrastrados por las circunstancias o por lo que otros esperan de nosotros, algo cambia. Nos implicamos más. Nos valoramos más. Vivimos con más intensidad... ¿Eres tú el patrón de tu barco?
Pensé, pero no comenté nada, que se trata de cuatro ideas sencillas, no es una fórmula mágica. Y eso, curiosamente, es lo que las hace útiles:
Selena me leyó el pensamiento:
─Bueno, pero no son sólo cuatro reglas, hay algunas más...
Le interrumpí y dije:
─Mañana veremos esos otros preceptos...
Y añadí casi inconsciente:
─¿Te gusta Brahms?

¡Empezamos muy bien la mañana! Me encanta que seas tan puntual y disciplinado, dijiste que publicarías los lunes y los jueves y lo estás cumpliendo, ¡qué bien! Un gran abrazo.
ResponderEliminarPrimero escucharé a Brahms para despertar y después te leeré, gracias. Un abrazo.
ResponderEliminarVivimos en un mundo que inconscientemente busca la validación infinita. Las redes sociales, como todo, tiene partes negativas. La continua y excesiva visualización de la vida de los demás nos hace cuestionarnos y no deja que descubramos nuestros placeres individuales y vitalmente personales, además de no marcarnos nuestro propio tiempo para nuestras metas. La comparación con los demás y sus vidas... Es complicado salir de eso, pero no imposible. Estoy de acuerdo con Selena, cada vez cuesta más encontrar a personas con las que hablar de verdad. Un abrazo Ignacio.
ResponderEliminarCristina 💛
Gracias por compartir esta pieza de Brahms 🥰💛
ResponderEliminarSolo nos falta paciencia, querido profesor dígaselo a la joven Selena.
ResponderEliminarEstas cuatro primeras reglas para encontrar, o para tener, un equilibrio psíquico optimo me han parecido fántásticas; estoy deseando ver las siguientes.
ResponderEliminar1) Tenemos que aceptarnos, somos lo que somos y tal como somos.
2) Hay que luchar para salir adelante, no nos ponen nada en bandeja.
3) Tener buenas, las mejores posibles, relaciones con los demás.
4) ¿Eres el patrón de tu barco?, ¿llevas el timón de tu vida en todos los aspectos?
Tú amiga Selena es muy profunda, y eso que te cuenta está muy bien, pero me parece muy complicado poder llegar a esas cuatro cosas.
ResponderEliminarAceptarnos como somos, es complicado, siempre hay algo que no nos gusta, algunas podemos cambiarlas y otras no está en nuestras manos hacerlo, y creo que siempre hay cosas externas que nos condicionan y eso hace que en ocasiones no podamos llevar el timón de nuestra vida.
Pero yo soy muy simplista y quizás tú amiga tenga razón, esperaré a ver la siguiente conversación y si expone más cosas que me parezcan más fáciles de asumir.