jueves, 16 de julio de 2026

La soledad (III): esa visita que nadie pidió

      Esta mañana, cuando bajé a desayunar con Selena, ya hacía bastante calor. Además estaban arreglando parte de la calle, también algo de la Plaza de las Galeras, y el ruido de las máquinas que utilizaban era atronador. Nos alejamos para irnos a algún lugar más tranquilo. Cuando nos sentamos observé que Selena manipulaba tres monedas agujereadas por un cuadrado en el centro.

      ─Leí con mucha atención el artículo en el que narrabas algo de tu conversación con el pastor Cooper George sobre la “soledad” ─dijo Selena.

      ─¿Qué son esas monedas? ─le pregunté.

      ─Son para practicar con I Ching. Algo idóneo para la salud mental.

      ─¿Qué demonios es el I Ching y por qué la salud mental lo necesita? ─contesté con particular vehemencia.

      ─Mira, ya sabes que la vida no nos viene con manual de instrucciones. Ante la incertidumbre, algunos miran el horóscopo, otros confían en las cartas del Tarot y los más modernos se fían de lo que diga un algoritmo de Tik-Tok. Pero hace unos 3000 años, en la antigua China, decidieron crear el oráculo definitivo: el I Ching (o Libro de las Mutaciones).

      ─Sí, algo sabía yo de eso.

      ─Pero no te imagines una bola de cristal con efectos especiales. El I Ching es más bien como ese amigo sabio, un poco críptico y brutalmente honesto, que te dice las verdades a la cara. Funciona lanzando tres monedas, estas tres monedas que aquí tengo.

      Sonreía y miraba con ojos turbadores. Continuó diciéndome:

      ─Lo mejor de todo es que no predice el futuro como si estuviera escrito en piedra; lo que hace es darte una bofetada de realidad para que entiendas tu presente y tomes mejores decisiones. Es, literalmente, el tatarabuelo del crecimiento personal. Ya te diré cómo funciona. Ahora deseo comentar algunas cosas de tu charla con el pastor Cooper.

      Hizo una pausa larga dedicándose a untar la mantequilla en el pan con mucho cuidado. Aproveché para hacer lo mismo. Luego dijo:

      ─Los tres puntos que tocasteis para mantener el equilibro mental como arma de combate contra la soledad me parecieron excelentes, pero insuficientes. Eran tres: ejercitar el cerebro, vivir nuevas experiencias y no limitarse a frecuentar personas de tu edad. ¿Eran esas?

      Afirmé moviendo la cabeza. Ella continuó:

      ─Yo ampliaría la cuestión y propondría tres más. La primera, o la cuarta, sería la de practicar lo que llamaría la salud mental preventiva.

      ─¿Y eso qué es? ─la interrumpí sin ninguna consideración.

      ─Pues mira; si empiezas a sentirte solo, aburrido o desgraciado, no dejes que estos sentimientos se apoderen de ti y te pongan enfermo. Tal como buscarías ayuda para un dolor persistente, habla con tu médico, con un psicólogo, con un buen coach o un amigo e intenta hacer algo constructivo al respecto, ¿vale?

      ─Me parece una excelente idea. Dime más.

      ─La siguiente idea sería la de llevar un diario (por escrito o grabado, da igual), o ponerte a redactar tu autobiografía. Estoy convencida que estas actividades ayudarán a revisar la vida de cada uno y lo que ha logrado, y a identificar los objetivos que todavía se podrían alcanzar. La última, y no menos importante, sería la de buscar compañeros estimulantes. Una multitud de estudios han demostrado que el simple hecho de tener a una persona inteligente y estimulante cerca ─ya sea la pareja, un amante, un compañero de piso o un buen amigo─ puede tener enormes efectos positivos sobre la agudeza mental.

      Terminó el resto del café con leche y comentó:

      ─El próximo día seguiremos con el I Ching.

1 comentario:

  1. Muy bueno, aunque no entiendo la diferencia entre la Bruja Lola y un "coach"

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