martes, 10 de septiembre de 2024

Escribir es rezar

      Leí hace unos días que Jon Fosse, Nobel de Literatura de 2023, ha repetido en numerosas ocasiones la frase: “Escribir es rezar”. Creyó durante bastante tiempo que era suya hasta que descubrió que Franz Kafka la había acuñado unos cuantos años antes, pero da igual, escribir es rezar y muchas cosas más. Escribir es una manera de abrir ventanas y puertas, para ventilar y para ventilarnos.

      Lo que digo está en relación con el artículo de ayer en el blog, “No hay mal que...”.

      Uno piensa, a veces, que ha escrito algo que puede ser de interés para bastantes lectores e incluso que va a acumular un montón de comentarios, pero la realidad nos baja de la tarima y el resultado es que lo escrito pasa sin pena ni gloria. Sin embargo, otras veces damos luz a un relato, al que “a priori”, no hemos prestado especial atención y, asombrosamente, agrupa a centenares de lectores y da pie a un buen número de comentarios. ¿Dónde está el secreto?

      La verdad es que no lo sé, aunque estimo que siempre está ahí ─en el escrito─ ese ingrediente especial que es la controversia. Y es de la controversia suscitada de lo que quería hablar un poco.

      La controversia (entendida, como la R.A.E. dice, como discusión de opiniones contrapuestas entre dos o más personas) me interesa aquí como activador del sentido crítico. Y saben que el sentido crítico no es más que la capacidad de analizar, evaluar y cuestionar información ─o también situaciones─ de manera objetiva, sin aceptar todo de manera automática como si fuésemos robots. Implica pensar de forma independiente, buscando evidencias y razones antes de llegar a conclusiones.

      Estoy muy convencido de que en la sociedad actual, es fundamental tener sentido crítico para tamizar la gran cantidad de información que nos aturde desde todos los frentes y así evitar caer en desinformación, manipulación o prejuicios. Poseer un buen sentido crítico nos puede ayudar a tomar decisiones más informadas y responsables en un mundo cada vez más complejo.

      La controversia puede ser un catalizador poderoso para desarrollar el sentido crítico, pero su resultado depende de cómo se maneje la situación y de la disposición de las personas involucradas a reflexionar de manera abierta y constructiva. Aquí algunos factores a considerar, por ejemplo, cuando un escrito genera controversia, las ideas o creencias establecidas se ven desafiadas. Esto obliga a las personas a revisar sus propios puntos de vista y a explorar nuevas perspectivas. Para muchos, la controversia abre la puerta al cuestionamiento y a la reconsideración y ambos son aspectos relevantes del pensamiento crítico.

      Con frecuencia la controversia conduce al debate público. Cuando las personas con diferentes perspectivas exponen sus argumentos, es necesario discernir, analizar y evaluar los puntos de vista, lo que fortalece la capacidad crítica de quien se implica. Normalmente ─en situaciones controvertidas─ las respuestas no suelen ser claras o absolutas. Esta incertidumbre obliga a las personas a pelear con la ambigüedad, lo que puede fortalecer la habilidad para evaluar argumentos complejos o contradictorios sin caer en respuestas simplistas.

      Tampoco me cabe duda que para argumentar o defender un punto de vista controvertido, es necesario informarse lo mejor posible y considerar las evidencias que puede estar en contra de la posición propia. Este proceso de investigación y contraste de fuentes contribuye a perfeccionar el sentido crítico.

      Sin embargo, la controversia no siempre conduce a un pensamiento crítico más afinado y certero. Si las personas se encapsulan en sus posiciones de manera rígida, rechazan el diálogo o se polarizan, el efecto puede ser contraproducente. En este caso, la controversia no mejora el sentido crítico, sino que refuerza prejuicios y posturas dogmáticas y sectarias. El impacto depende del enfoque que se le dé: si la controversia genera debate saludable y apertura mental, sí puede conducir a un tipo de pensamiento crítico eficaz; pero si fomenta polarización o reacción emocional, puede tener el efecto contrario.

      ¿Y del maniqueísmo?

      Bueno, del maniqueísmo hablaremos mañana...

lunes, 9 de septiembre de 2024

No hay mal que...

      Todos sabemos que durante nuestra existencia periódicamente nos vamos encontrando con desafíos y contratiempos. Algunas veces estos momentos pueden parecer insuperables y llenos de desesperanza. Sin embargo, el refrán "No hay mal que por bien no venga" nos intenta convencer que a menudo estos obstáculos pueden ser oportunidades escondidas.

      Con esta perspectiva nos ayudamos para mantener una actitud positiva y resiliente ante las adversidades. La resiliencia (eso tan de moda en la actualidad) es una cualidad que nos permite adaptarnos y superar las dificultades. Al adoptar la mentalidad de "No hay mal que...", parece que cultivamos la capacidad de ver más allá de los problemas inmediatos y concentrarnos en las posibles soluciones y beneficios a largo plazo. Esta actitud, dicen, que no solo nos ayuda a enfrentarnos a los desafíos con mayor fortaleza, sino que también nos permite crecer y aprender de nuestras experiencias.

      Pero...

      Hay refranes que me molestan, y molesta más que me los repitan. Por ejemplo el citado. Sé que se trata de una expresión popular que encierra unas dosis de sabiduría estoica y bastantes pizcas de optimismo. Realmente parece que este dicho nos induce a ver el lado positivo de las situaciones adversas, sugiriendo que incluso de los momentos más difíciles, puede surgir algo bueno.

      Pero...

      Sí, vale, pero no me gusta...

      Y no me gusta incluso mirándolo desde un punto de vista estoico. Creo que desde una perspectiva estoica ─quizás un tanto radical─ este refrán podría ser criticado por su dependencia de factores externos, por la esperanza de un resultado positivo futuro y por una posible actitud pasiva hacia las adversidades, lo que contradice la autonomía moral y la autosuficiencia de la virtud promovida por el estoicismo. ¿No? Y aunque los estoicos creían en la providencia divina ─o en un orden racional del cosmos─ la frase puede llevar a una dependencia de la creencia en que todo mal trae algo bueno necesariamente.

      En medio de la tormenta prefiero tener agallas para detenerme, prestar atención y tratar de percibir las cosas tal como son. Si nos fijamos bien, siempre hay una cantidad asombrosa de información disponible en cada fugaz instante de nuestras vidas. Podemos sentir una suave brisa sobre la piel, una gota de lluvia perdida, o el jeroglífico de luces y sombras en una pared cualquiera. Tenedlo por seguro, para navegar bien dentro del temporal es posible que baste hacerse la siguiente pregunta:

¿Qué hay aquí, en lo que me rodea, que antes nunca había notado?

sábado, 7 de septiembre de 2024

El tiempo pasa. 8 de septiembre del 2024


      Pasa el tiempo,... ¡qué barbaridad! Ya ha transcurrido la primera semana del mes de septiembre del 24, estamos de nuevo ─mañana─ en el día de la Virgen de los Milagros, la Patrona. Quería escribir algo al respecto de este día y su significación para El Puerto, pero he manchado varios papeles y no me ha salido nada mediano, así que he optado por enlazar al artículo en memoria de mi tío abuelo el P. Ignacio Pérez Muñoz S.S. que era un gran devoto de su Virgen del Puerto, esta necrológica está escrita por otro sacerdote salesiano también nacido en nuestra ciudad, el P. Francisco Villanueva (1910-1967).

“Y en la hora de nuestra muerte...” 


jueves, 5 de septiembre de 2024

Leyendo a Orwell

      Hoy temprano leía una estupenda novela de George Orwell que tenía pendiente desde hacía años, “Subir a respirar” ("Coming Up for Air"). La escribió en el 1939 del pasado siglo y la publicó al siguiente. Casi la he devorado ─me quedan pocas páginas para terminar─ quizás porque contiene varios matices dickensianos, especialmente en cómo aborda temas sociales, económicos y el conflicto entre la nostalgia por el pasado y las realidades del presente. En ella podemos encontrar una clara preocupación por las condiciones sociales de la época, particularmente las clases trabajadoras y medias. El protagonista, George Bowling, experimenta una sensación de alienación en una sociedad que ha cambiado radicalmente debido al capitalismo moderno y la industrialización. Orwell, al igual que Dickens, utiliza la historia del individuo para criticar un sistema que, aunque trae un progreso indudable, también genera desigualdad y deshumanización. 

      Recuerdo que en la obra “Tiempos felices”, de 1854, Dickens también se inquieta por los efectos destructivos de la industrialización sobre la vida de los seres humanos. Ambas obras critican un mundo donde el progreso económico no necesariamente mejora la vida de las personas comunes, sino que a menudo las oprime más.

      De igual modo, George Bowling siente una profunda nostalgia por su juventud y por el mundo rural y bucólico que existía antes de la Primera Guerra Mundial. Esta nostalgia por el pasado perdido tiene un fuerte eco en la obra de Dickens, quien a menudo retrata el contraste entre la infancia, vista como un tiempo de inocencia, y la dura realidad adulta. ¿Recuerdan ustedes que en “David Copperfield”, Charles Dickens también aborda el tema de la infancia perdida y la nostalgia por un tiempo más simple y menos alborotado por las fuerzas económicas y sociales? A través del personaje de Bowling, Orwell expresa la tensión entre el deseo de volver a un pasado mejor y la inevitabilidad del cambio. Orwell, como Dickens, ve en esa nostalgia una respuesta a la alienación del presente, aunque reconoce que esa visión idealizada del pasado no es del todo realista.

      El protagonista de "Subir a respirar" está atrapado en una vida que ya no le satisface, similar a los personajes de Dickens que se ven sofocados por el sistema social en el que viven. Orwell, como Dickens, muestra a sus personajes luchando contra fuerzas que están fuera de su control, como la burocracia, las normas sociales y la economía. Aunque Bowling no es tan desesperadamente pobre como algunos personajes dickensianos, su sentido de impotencia y opresión ante las fuerzas de la modernidad refleja una angustia similar.

      Aún voy por la pagina 163, en el último párrafo dice: “Y ahora estamos en 1938, y en cada astillero del mundo están acabando de remachar los barcos para otra guerra...”

      Orwell, escribiendo antes de la Segunda Guerra Mundial, muestra en "Subir a respirar" una ansiedad similar por el futuro y la destrucción que la guerra inminente traerá. Esta sensación de un mundo a punto de desmoronarse es otro punto en común con la obra de Dickens, que a menudo refleja el malestar de una sociedad al borde de un cambio importante.

      Habrá que seguir leyendo a Orwell y por supuesto a Dickens.

      Mañana seguiré...

miércoles, 21 de agosto de 2024

¿Y eso del "sentido común"?

      Parece que nos estamos habituando a manejar el “Zoom” y hacer tertulias, medidas, de 40 minutos. Hoy se ha unido a la reunión nuestra amiga Lucía. Kimura y Lantíaca no la conocían y al hacer las preceptivas presentaciones les dije que ella poseía una cualidad excepcional, que es es la de tener el llamado “sentido común” muy desarrollado. También le hablé de su sentido del humor y de sus sorprendentes reflejos a la hora de responder a cualquier cuestión que se le pueda plantear.

      Kimura comentó el primero:

      ─¿En Occidente tenéis alguna filosofía del “sentido común”? En Japón, aunque no lo denominamos así, tenemos mucha tradición en cuanto a los asuntos de lo que en Europa y en todo Occidente consideráis “sentido común”. Y, claro, también nos hace mucha gracia, esa apostilla que siempre añadís; la de que es el menos común de los sentidos.

      Lantíaca rio y dijo:

      ─Sí, claro, hablar de algo “común” parece que atenta contra nuestro individualismo intrínseco y entonces siempre nos vemos obligados a añadir la coletilla de lo “menos común”. Así nos quedamos más conformes.

      En esos momentos pensé que ya teníamos la temática de la tertulia y comenté:

      ─Sí, creo que existe una filosofía del "sentido común" ─aunque no sé mucho de esto─, y ha sido un tema de interés en la historia de la filosofía. Pienso que la idea del "sentido común" ha sido abordada de diversas maneras por diferentes pensadores a lo largo del tiempo. Se ha tratado tanto desde su defensa como base del conocimiento hasta su crítica como una herramienta ideológica. Y quizás su relevancia depende del contexto filosófico y de cómo se interpreta el concepto de "sentido común"; que esa es otra cuestión, la interpretación.

      Me pareció observar que Lucía tenía ganas de intervenir y le dí paso:

      ─Lucía, ¿tú que dices? Al fin y al cabo todo ha comenzado porque he dicho que tú tienes mucho de ese sentido común.

      ─No me gusta meterme en estos berenjenales de tanta profundidad o de tanta filosofía, me gusta más estar a ras del suelo ─comentó Lucía con rapidez─. En mi opinión el "sentido común" se refiere a las creencias y juicios que la mayoría de la gente considera obvios o evidentes sin necesidad de una reflexión profunda. Ahora, también es verdad que con frecuencia, estas creencias se utilizan como punto de partida para construir argumentos filosóficos o para criticar posturas que se consideran demasiado alejadas de la experiencia cotidiana. Pero, insisto, para mí, el “sentido común” son las creencias y juicios de la gente normal y corriente, de los que a diario pisan las calles.

      Lantíaca estaba con la cabeza hacia abajo mirando el móvil y levantó la mano para señalar que deseaba intervenir:

      ─Es curioso, estoy consultando en Internet y veo que ya Aristóteles se ocupó del “sentido común” y también santo Tomás de Aquino. Para ellos el "sentido común" (sensus communis) era considerado como una facultad interna que es capaz de unificar las percepciones de los diferentes sentidos en una experiencia coherente y sensata.

      Lucía respondió al instante:

      ─Sí, pero eso ya se aleja un poco, o bastante, de lo que el hombre de la calle piensa sobre el sentido común.

      Kimura, como hablando consigo mismo, dijo:

      ─En la actualidad, algunos filósofos, especialmente en tradiciones críticas como el marxismo o la teoría crítica, han cuestionado el “sentido común”, argumentando que lo que se considera "sentido común" a menudo refleja ideologías dominantes o prejuicios culturales que pueden ser engañosos o represivos. Pero eso me parece un retorcimiento, ganas de manipular.

      Mientras mis amigos charlaban les prestaba mucha atención a lo que decían, pero también miraba en Internet asuntos relacionados. Encontré que existió una denominada Filosofía Escocesa del Sentido Común, posiblemente una de las formas más explícitas de la filosofía del “sentido común” se encuentra en la tradición escocesa del siglo XVIII, especialmente en la obra de Thomas Reid, del cual nunca he escuchado hablar. Por lo visto Reid argumentaba contra el escepticismo radical de filósofos como David Hume, defendiendo que ciertos principios del “sentido común” tales como la existencia del mundo exterior (ámbito externo) y la fiabilidad de nuestras facultades mentales son autoevidentes y constituyen la base de todo conocimiento. Según Thomás Reid, dudar de estas verdades sería absurdo porque son fundamentales para la vida cotidiana y la comunicación humana.

      Lucía acabó apostillando:

      ─Pues a mí este Reid del siglo XVIII me convence, creo que era un tipo sensato y sabía estar a pie de calle.

      Terminamos riendo y dije:

      ─¿Dejamos para otro día lo de la “mente obsesiva”?

lunes, 19 de agosto de 2024

Las preocupaciones de alrededor

      Escribo esto con rapidez para no olvidar lo hablado esta mañana por “Zoom” con mis amigos Kimura y Lantíaca. La conversación fue variada, pero nos entretuvimos más hablando de la preocupación y de las preocupaciones. Aquí expongo, en líneas generales, nuestro diálogo. Aunque ─y perdónenme─ me habré olvidado de muchos detalles.

      No sé ahora quién puso sobre el tapete la siguiente cuestión, creo que fue Lantíaca:

      ─He estado pensando en cómo la preocupación es realmente un estado mental basado en el temor.

      Kimura se involucró enseguida:

      ─Es cierto. Lo peor es que funciona poco a poco, lentamente, pero es persistente. Se va abriendo camino de forma astuta y sutil hasta que, sin darte cuenta, paraliza tu capacidad de razonar y destruye tu confianza en ti mismo.

      ─Sí ─añadí yo─, es como un círculo vicioso. La preocupación es básicamente un temor mantenido, que nace de la indecisión. Pero lo bueno es que, al ser un estado mental, es algo que sí podemos controlar.

      Lantíaca intervino para decir:

      ─Es lo que yo pienso. Exacto. Cuando nuestra mente está desequilibrada, nos volvemos impotentes. Y la indecisión es lo que descompensa la mente. Claro, aunque me parece que a muchos nos falta la fuerza de voluntad para tomar decisiones con rapidez y mantenernos firmes y sólidos en ellas una vez las hemos tomado.

      ─Es verdad ─continuó Kimura─. Pero cuando finalmente tomamos una decisión firme, dejamos de preocuparnos tanto por las circunstancias.

      Lantíaca siguió comentando:

      ─Es impresionante cómo una decisión puede traer serenidad, incluso en situaciones extremas. Eso demuestra que tomar decisiones puede ayudarnos a aceptar nuestro destino o evitar situaciones no deseadas. Y es que, a través de la indecisión, nuestros temores básicos se convierten en preocupación. Si eliminamos la indecisión, podríamos suprimir esos temores. Por ejemplo, aceptando la muerte como inevitable o decidiendo acumular riqueza sin preocuparnos por la pobreza.

      A Kimura le entró risa y exclamó:

      ─¡Se nota que eres griega! Tienes sentido dramático, trágico...

      También Lantíaca le contestó riendo:

      ─¡Pues vaya! ¿Y vosotros los japoneses?

      Retomando el hilo de la conversación dije:

      ─O decidiendo no preocuparse por lo que la gente piense o diga, y aceptando la vejez como una bendición, llena de sabiduría y autocontrol. Incluso podemos liberarnos del temor a la enfermedad al decidir no centrarnos en los síntomas, o del temor a la pérdida del amor al decidir que podemos seguir adelante sin ese amor, si es necesario. Todo se reduce a desbaratar la costumbre de la preocupación. Si tomamos la decisión de que no hay nada en la vida por lo que valga la pena preocuparse, alcanzaremos paz mental, serenidad y claridad de pensamiento. Y con eso, una alta dosis de felicidad.

      Kimura apostilló:

      ─Eso es exactamente. Un hombre cuya mente está llena de temor no solo arruina sus propias posibilidades de actuar con inteligencia, sino que también contagia ese temor a los demás, destruyendo sus oportunidades.

      Ahora fue Lantíaca la que intervino para terminar:

      ─Yo creo que incluso los animales, como un perro o un gato, pueden percibir cuando su dueño tiene miedo. Captan esas vibraciones de temor y se comportan en consecuencia. Estoy convencida que la capacidad de captar el temor no es exclusiva de los humanos, sino que está presente en toda la línea de inteligencia del reino animal. Por eso es tan importante aprender a dominar nuestros temores y preocupaciones.

      A Kimura lo vi asentir con la cabeza...


martes, 23 de julio de 2024

La llamada de Lantíaca

      Hace unos pocos minutos que he colgado el teléfono, me ha llamado Lanti desde Creta para darme las gracias por el escrito de ayer, dice que ha sido como una sorpresa de verano que no esperaba y que está encantada.

      En esos instantes, añade, que se está preparando para ir a la playa y que no quiere llegar tarde (allí llevan una hora de adelanto en el reloj) por el calor infernal de estos días. Ha comentado que hace más que aquí en El Puerto porque está más al sur. Diciéndome que su pueblo, Matala, está en el paralelo 34 por encima de la línea del ecuador, algo así como a la altura de Rabat o Casablanca.

      Cuenta que hoy va a la playa de sus sueños infantiles en la que mirando al horizonte del Mediterráneo imaginaba que por allí iba navegando la flota de Alejandro Magno a la caza de barcos piratas o camino de nuevas conquistas. Sobre esto también me ha relatado una pequeña anécdota, con su moraleja, que cuentan a los niños de Creta.

      Se dice que llevaron preso ante el gran Alejandro a un capitán pirata que había sido capturado. El poderoso Alejandro le reprochó su conducta en los mares y el hombre contestó:

      ─A mí me llaman “pirata” porque soy un pobre desgraciado que sólo tengo un barco. Si tuviese toda una escuadra y un ejercito me llamarían “conquistador”.

      Alejandro quedó impresionado por la respuesta y perdonó la vida de aquel pirata cretense.

      También me ha hablado más respecto al origen de su nombre, dice haber descubierto que cabe la posibilidad de ascendencia celta. Por lo visto ha averiguado que en algunas lenguas célticas como el gales vulgar y el gaélico, tienen un extenso historial de uso de términos con el prefijo “Lant─” que significa algo así como recinto sagrado o iglesia. Incluso existe la palabra “Lantigern” que se refiere a un santo del siglo V. Ella considera que cabe la posibilidad de que “Lantíaca” sea un derivado de ese nombre céltico, aunque le rondan muchas dudas porque las evidencias son muy limitadas y el contexto cultural de Creta no proporciona ninguna pista sobre el origen.

      Después, casi atragantada de la risa, me cuenta que un primo suyo ─hijo de una hermana de su padre─ tiene otra teoría que, supuestamente, oyó una vez a su madre narrar. En esa nueva historia se sugiere que el origen del nombre “Lantíaca” es español, pero no le ha querido explicar nada más y está muy intrigada.

      Seguro que otro día se lo cuenta. Se va a la playa corriendo...

lunes, 22 de julio de 2024

Lantíaca

     No sé si en alguno de mis anteriores escritos he hablado de mi amiga Lantíaca, la del nombre extraño. La conozco desde hace muchos años, años que no diré porque ella se conserva aún joven y guapa. Es griega, nació en la antigua isla de Creta en un pueblito llamado Matala de la parte sur, de apenas cien habitantes; aunque muy joven su familia se trasladó a Atenas. Ella regresa a Matala cuando necesita perderse y relajarse ─allí le quedan algunos primos─ en su hermosa playa de arena dorada y aguas cristalinas que en verano atrae a muchos turistas que van en busca de un lugar pintoresco y sereno.

      Además de su belleza natural el pueblo también tiene un pasado histórico interesante. Una de sus características distintivas es la existencia de cuevas talladas en los acantilados que rodean su bahía. Estas grutas fueron habitadas en la antigüedad y en la década de los 60 del siglo pasado fueron pobladas por grupos de hippies y otros viajeros que deseaban un modo de vida alternativo.

     Con Lantíaca ─Lanti para los amigos─ he hablado a veces sobre su desconocido nombre, ¿de dónde viene ese nombre? Ella lo ha investigado mucho y nunca ha llegado a ninguna conclusión, ¿fue una creación única de sus padres?, ¿provenía de algún sitio concreto?

     Una vez me contó que su nombre podría tener raíces vascas. Parece ser que allí existe un nombre muy similar: “Lantiaga” que significa “lugar lejano” o “tierra lejana”. Quizás sea plausible que su nombre sea un derivado de “Lantiaga”, pero no ha logrado hallar ninguna evidencia histórica ni lingüística. Otra posibilidad es que su nombre esté conectado con la península italiana. Es fácil ver que “Lantíaca” tiene gran similitud con nombres latinos como “Lanacia” o “Lanciana”, que se derivaron de la palabra latina “lancia”, que significa “lanza” o “pica”. Esos nombres se utilizaron en la antigua Roma y podrían haberse extendido ─modificados─ por la península italiana y más allá; llegando a Creta y Matala.

      Lantíaca dice que ella morirá con las “botas puestas”, trabaja para el sector turístico griego y es una ejecutiva importante, viaja incansablemente por todo el mundo y habla varios idiomas a la perfección. Ahora pasará unos días para descansar, en Matala, su pueblo. Me cuenta que aún conserva su ambiente bohemio y relajado, con tabernas junto al mar, tiendas pintorescas y un ambiente acogedor. Promete enseñarme las cuevas en las que pasaron unas semanas gentes famosas como Joni Mitchel, Bob DylanCat Stevens o John Lennon.

      Habrá que pensarlo, ¿no?...

miércoles, 13 de marzo de 2024

Insignificancias

 

      Tenía un amigo extranjero que siempre llevaba una cámara fotográfica de excelente calidad y le gustaba muchísimo sacar fotos de insignificancias; una hoja o una flor, una copa medio vacía en una mesa, el tapón de una botella en el suelo, un bolso de mujer sobre una silla de un bar, el humo de un cigarrillo. Él decía que todas esas insignificancias tienen un “espíritu” y que, a veces, era posible captarlo con la cámara.

      Me gusta escribir insignificancias, cosas pequeñas, de poco fuste, de esas que podemos pasar por ellas casi sin darnos cuenta.

      Miro mi mesa y también veo esos objetos, un portátil encima de otro, uno ─el de la noche─ con un teclado que tiene marcadas las letras muy grandes y las veo casi en la oscuridad, otro el normal, el del día, con las teclas normalitas y casi invisibles en la penumbra. Un tarro con lápices y bolis, un bloque de hojitas para tomar notas rápidas y una cajita de clips. A la derecha el ratón azul con su imponente alfombrilla negra. Un poco más allá, pero a la mano, el teléfono móvil. Minucias...

      Las minucias bailan a mi alrededor... Pienso en mi operación del próximo miércoles, ¿me llevo un portátil a la clínica? No, mejor una tablet o sólo el smartphone. No sé cuántos días estaré, tres, cinco,... ni idea...

      Será por laparoscopia, esa técnica quirúrgica ─mucho menos invasiva que cortar con el bisturí─ que se realiza para examinar y extirpar, ¿insignificancias?, en el interior del abdomen y la pelvis. Los cirujanos utilizan un laparoscopio, que es un instrumento delgado con una cámara en el extremo que se inserta a través de pequeñas incisiones en la pared abdominal. Esto permite visualizar los órganos internos en un monitor de video, ¿es así? Bueno, más o menos. Hay un pólipo en el ciego, con capacidad de ser obstructivo, que hay que quitar. Cortarán un segmento del intestino grueso y unirán los cabos.

      Estaré unos días fuera, en off. El móvil, si tengo fuerzas y ganas, me tendrá en contacto con el exterior (¡qué no se me olvide llevarme el cargador!).

      Aún queda una semana, una menudencia de tiempo...

jueves, 29 de febrero de 2024

“Y en la hora de nuestra muerte...”

 

      Ayer estuve ordenando y tirando papeles, una labor sedante que me aconsejan muchos amigos que haga con frecuencia. Entre los montones apareció un ejemplar de una publicación del miércoles 6 de septiembre de 1.950, ¡ya hace años! 

      Se trataba del periódico del Puerto "Cruzados" ─que desapareció en marzo de 1969─ era un número extraordinario dedicado a la festividad de la Virgen de los Milagros, la Patrona. Uno de los artículos era de carácter necrológico sobre mi tío-abuelo por vía paterna Ignacio Pérez Muñoz, del que heredé mi nombre. Era un gran sacerdote salesiano (yo siempre he creído que era un santo) y un compañero de la orden le hace un sentido homenaje. Se me ha ocurrido poner este escrito aquí para recordar a mi tío-abuelo al que, lamentablemente, no pude conocer, aunque mi padre me hablaba muy a menudo de él. 


Y en la hora de nuestra muerte...”

      Una mañana, aquellas manos que durante cerca de cincuenta años, día a día, se habían elevado juntas sobre su cabeza, para demostrar a la adoración de los fieles el Cuerpo del Señor, yacían sobre la Mesa de Altar como dos lirios tronchados: Era su última Misa...

      Sus ojos contemplaron nublados de lágrimas aquellos accidentes que desaparecían ante su vista mientras que el cáliz se convertía en un objeto informe que contenía la Sangre y el Cuerpo del Señor. Y cuando quiso repartir a los fieles el Manjar Divino, sus pies de mensajero de la paz, se negaron a ser los realizadores de la divina misión: Una parálisis progresiva le había acechado como un ladrón nocturno en aquella encrucijada de su vida, para asestarle el golpe de muerte, arrebatándole el don más preciado que Dios concede a los mortales.

* * *

      Cuando lo vi por primera vez después de la terrible prueba, se ofrecía tendido en el lecho, con la mirada brillante y emocionada y una vaga sonrisa entre los labios que era la más heroica floración de la abnegación cristiana.

      Hubo una reciproca mirada de inteligencia un traspaso de corazón a corazón de sentimientos ocultos, mientras el enfermo privado ya del don inestimable de la palabra señalaba confusamente, con aquella mano que se obstinaba en menospreciar el imperio de la voluntad, la imagen de la Virgen pendiente de la cabecera del lecho...

      Era una estampa policromada y colosal de Ntra. Sra. de los Milagros; la misma que una madre santa colocara entre las ropas blancas del equipaje del escolar de antaño, aquel día memorable en que antes de trocar el hogar por el internado lejano, había de escuchar de los labios temblorosos de su progenitora: "¡Qué no dejes de rezarle todos los días a la Patrona!".

      Y desde entonces la Virgen Morenita y buena ejerció un especial patronazgo sobre aquella larga y fecunda vida que al fin se le entregaba como una flor ajada a sus plantas, después de haberle dedicado hasta el último aliento de sus perfumes...

      Suavemente descolgué la imagen de Ntra. Sra. y aplicándola a los labios del enfermo, no se si de ellos brotaron una oración o una ofrenda, pero bien pude comprobar, como el rostro del paciente se iluminaba en una ancha sonrisa de recuerdos: Si; ante aquella memoria que pronto se había de oscurecer en el tiempo a la presencia de la luz increada, el enfermo recordó aquella escena tiernísima en que, según el relato materno, unas manos cariñosas le introducían aún parvulito bajo el manto de la Patrona... Y fue después cuando convertido en lirio de Primera Comunión, escoltaba el altar de la Virgen en una fecha imborrable en que sintió distintamente la llamada hacia el camino del sacerdocio... Y más tarde se vio asimismo subiendo al solio de la Señora, para cantar el cántico de Gloria, reservado a los ministros del Señor... Y a lo largo de su vida... durante muchos años... contempló como hacía un alto en la infatigable labor de su apostolado, para acudir cada 8 de septiembre a acompañar a la Reina en su desfile triunfal...

      Fiel a la consigna de la madre de la tierra, la del Cielo que durante más de cincuenta años venía protegiendo su dueño, se aprestaba a trasladarlo desde las vicisitudes de la tierra al sueño eterno de los justos.

      Y tal fue el tránsito del enfermo; un plácido sueño en que sus oídos de centinela esforzado se fueron cerrando insensiblemente al tronar guerrero de las pasiones humanas.. Un suave sopor en el que a su vista de experto navegante fueron desapareciendo las escolleras que tan hábilmente supo sortear, para avistar las playas dilatadas de un puerto de paz y de refugio eterno.

      Horas después, con la serenidad del justo pintada en el semblante; revestido con los paramentos sacerdotales y ceñidas sus manos con la dulce atadura del Rosario, sus despojos salían de aquel Colegio de Ronda, que él vio arder en una noche trágica y al que hizo resucitar de sus propias cenizas en limitado tiempo, al impulso de su esfuerzo de titán y al que supo infiltrar los rasgos de eterna juventud de que aun hoy goza.

      En el Camposanto de la Ciudad del Tajo, junto a otros beneméritos varones que le precedieron y antecedieron por la senda de la Vida Religiosa, los despojos del querido extinto, aguardan la gloria de la otra inmortalidad.

* * *

      Sobre la cabecera de mi lecho, la imagen de la Virgen de los Milagros que presidiera el principio y el final de la carrera de quien después de Dios me introdujo por los caminos del sacerdocio y en el Jardín de la Congregación Salesiana, campea como Reina y Madre...

      Todas las noches, al evocar la figura de quien amé como a padre bueno, mis labios musitan la más esperanzadora de las plegarias: "...Y en la hora de nuestra muerte...", mientras mis ojos acarician la figura policromada y Morena de mi Patrona.

* * *

      Por el mundo Salesiano que hoy confunde sus fronteras con las dimensiones geográficas del planeta, vuela una carta mortuoria, como una mariposa de alas enlutadas, franqueando la clausura de centenares y millares de centros Salesianos...

      Y en la dulce lengua del Dante, la noticia se hace plegaria y sufragio...

      Queridísimos Hermanos: Con el alma profundamente acongojada os comunico el fallecimiento del Profeso perpetuo, Sacerdote Ignacio Pérez Muñoz...

      Había nacido en el Puerto de Santa María...

  Francisco Villanueva S.S.

Sevilla y Agosto 1950

sábado, 17 de febrero de 2024

Ejercicio hermenéutico

 

      La palabra siempre me ha gustado. En su forma más básica, la hermenéutica se refiere al proceso de comprender el significado de un texto, yendo más allá de su mera literalidad para captar sus implicaciones más profundas y su contexto cultural, histórico y lingüístico. La palabra "hermenéutica" proviene del griego "hermeneutikē", que significa "interpretación". Hoy se me ha ocurrido tratar de interpretar unos versículos del Evangelio de Marcos. En vez de hacer un crucigrama o dormirme delante de la televisión prefiero hacer un, ejercicio hermenéutico, ¡cada uno tiene sus manías!

      Dicen los entendidos que Marcos era el menos culto de los cuatro evangelistas, que su griego dejaba bastante que desear, que no era muy pulido. También es el más breve de los cuatro Evangelios. Posiblemente lo escribió ─todo lo más─ en el año 70 d.C. También comentan los estudiosos que este Evangelio de Marcos debió componerse y divulgarse antes que Mateo y Lucas empezaran a escribir los suyos, pues parece ser que ambos tomaron mucho prestado de Marcos. Digo todo esto porque hoy (por inspiración cuaresmal, quizás) recordaba el pasaje en el que narra que había había un cementerio, donde vivía un hombre que tenía un espíritu maligno. Este individuo poseso día y noche andaba en el cementerio y por los cerros, dando gritos y lastimándose con piedras. Nadie era capaz de sujetarlo, ni siquiera con cadenas. Lo habían encadenado muchas veces y le habían aprisionado los pies con gruesos aros de hierro, pero él rompía las cadenas y despedazaba los aros. Nadie podía con su terrible fuerza. Hubo un momento en el que coincidió con Jesús. Jesús bajaba de una barca y el hombre salía del cementerio: éste, al ver a Jesús a lo lejos, corrió y se puso de rodillas delante de Él.

      Creo que es así la historia, ¿no? Este pasaje nos presenta a un hombre atormentado por un espíritu del mal. Su situación es desesperada: vive en un cementerio, está encadenado, y nadie puede controlarlo. Su fuerza sobrehumana y su comportamiento violento lo convierten en una amenaza para la comunidad. Vive en un cementerio, símbolo de muerte y desolación. Este escenario refleja la condición del hombre, dominado por el mal y alejado de la vida. Atormentado por un espíritu maligno, vive en una situación de aislamiento y sufrimiento. Su fuerza descomunal y su comportamiento agresivo son una manifestación del poder del mal que lo posee. A veces habían utilizado cadenas y aros de hierro para sujetarlo, sin éxito. Esto, pienso, que es una demostración de la impotencia del ser humano frente al poder del mal.

      Al final, Jesús aparece como la única esperanza para el hombre. Su presencia trae consigo la posibilidad de liberación y sanación. La reacción del poseído es inmediata al ver a Jesús, el hombre corre hacia la orilla en la que Jesús había desembarcado y se arrodilla ante Él. Con este gesto indica su reconocimiento a la autoridad de Jesús y la súplica de ayuda.

      Concluyo que este pasaje (Marcos 5:1-9) nos intenta enseñar que el mal es una realidad poderosa que puede causar sufrimiento y destrucción. Sin embargo, la presencia de Jesús trae consigo la esperanza de liberación. Jesús tiene poder sobre el mal y puede restaurar la vida a aquellos que han sido oprimidos por él.

      Seguro que la próxima vez lo hago mejor.

jueves, 1 de febrero de 2024

Mínima crónica de una tertulia interesante

  

      Hace pocos días tuve el privilegio de asistir invitado a una tertulia quincenal en la que participan varios amigos y conocidos. En ella suelen tratarse múltiples temas que van surgiendo de improviso, rara vez vez tienen algo programado de antemano. En la reunión hay mucho nivel y fue para mí un placer escuchar atentamente e intervenir, tímidamente, en muy contadas ocasiones.

      Una de los más asuntos comentados, y de los más interesantes, fue el de relación ─e incógnitas que se presentan─ entre las enfermedades de la mente y Dios. 

      Cierto es que se trata una cosa difícil y no posible llegar a conclusiones certeras, pero se hicieron hermosos planteamientos. Se vio que la relación entre enfermedades mentales y creencias religiosas es compleja y multifacética.

      Quedó constatado que algunas personas encuentran consuelo y apoyo en su fe durante momentos difíciles, mientras que otros pueden experimentar conflictos debido a diferentes interpretaciones religiosas de sus condiciones.

      Vimos también lo importante que es abordar estos temas con comprensión y respeto, reconociendo que la salud mental es influenciada por diversos factores, incluyendo biológicos, psicológicos y sociales.

      Es muy probable que en otra sesión de la tertulia se continúe hablando de esto y, si me invitan, daré cuenta aquí de lo que en ella se exponga; considero que los padecimientos neurológicos graves hay que mirarlos ─y es la tendencia actual─ desde todos los ángulos posibles.