viernes, 23 de octubre de 2020

Si me coge un día malpensado...

     

     Si me coge malpensado entonces creo que hay una premeditada política de exterminio de los viejos por parte de un gobierno criminal, y si es un día que estoy en plan biempensante creo que estamos gobernados ─a todos los niveles─ por una partida de inútiles irredentos.

     Llevamos, mi esposa y yo, desde el miércoles día 14 de octubre intentando vacunarnos contra la gripe y aún no lo hemos conseguido y esto comienza a ser desesperante. Pertenecemos, como funcionarios jubilados a Muface, el día citado me dijeron ─en el centro de vacunación que nos tocaba─ que no habían llegado las vacunas y que debíamos esperar hasta el viernes 16 o hasta el lunes 19. El horario previsto era de de 11:30 a las 13:00 h, en la mañana y de 18:00 a 21:00 por la tarde. Acudimos por la mañana antes de la hora de apertura y había algo de caos organizativo y mucha gente esperando, eso sí, con mucha mascarilla y poca distancia de seguridad. Al poco informaron que las vacunas para los de Muface-Adeslas no estaban disponibles y que volviésemos al siguiente viernes de 23, hoy. Nos pusimos en una enorme cola dispuestos a lo que hiciera falta, después de una hora y dieciséis minutos de espera entre sol y sombra, estábamos casi en la puerta y a punto de hacernos con el ansiado número, entonces nos sale una señorita menuda diciéndonos que sólo queda una vacuna para mayores de 65 años y que todos los que allí estábamos teníamos que volver a la tarde (con incertidumbre de si había o no había vacunas) o, en último caso, el lunes 26 si es que estas llegaban, cosa de la cual no daban ninguna certeza.

     Regresamos a casa indignados pensado en un gobierno criminal que se había apoderado de las vacunas y que por eso escaseaban tanto. Con lo fácil que hubiese sido, como se hacía en años anteriores, poder comprarla en la farmacia. Pero estos “genios” de la política han decidido más intervencionismo y así fastidiar más a la gente.

     Comentamos que si este desastre organizativo se produce con la vacuna antigripal, que se la pone mucha menos cantidad de gente que la que, presumiblemente, se tiene que vacunar (claro, cuando haya vacuna) contra el Covid19, podemos presagiar ─con bastante antelación─ un desastre de considerables dimensiones.

     Aunque no sé si llegaremos a verlo...

miércoles, 21 de octubre de 2020

«Desde 1850»: Edward Hooper

     Aquella mañana quise dar un paseo por el parque cercano a casa, había una muestra de esculturas de un autor local desconocido. Eran piezas parecidas a erizos, construidas con barras de hierro ─unas de sección cuadrada y otras redondas─ de algo más de un centímetro de espesor que salían de un amasijo de tuberías retorcidas de un diámetro un poco mayor, todo ello sobre un soporte de piedras amontonadas. Ya me iba cuando me encontré a Nena y Gustavo que también habían estado conversando, paseando y viendo aquellas obras. Le pregunté a Gustavo qué le había parecido y el gesto de Nena fue más rápido; me quedó muy claro que no les había gustado la exposición.

    Siempre me gusta interrogar a Gustavo sobre conceptos artísticos, es curioso, tiene gran habilidad para dar respuestas sorprendentes y simples, a interrogantes que pueden parecer complejos. Saliendo del parque le dije:
    ─¿Qué es para ti una obra de arte?
    Seguía mirando hacia adelante y tardó unos segundos en contestar. Nena se quedó también expectante a la espera de su respuesta.
    ─Sí se trata de pintura o de escultura, una obra de arte es la que puedo estar mirando más de un cuarto de hora, varias veces, y que siempre me enriquece y me hace pasar un rato cautivador. Cuando paso de soslayo ante alguna creación artística está claro que no significa nada para mí. Posiblemente es sólo mi intuición lo que cuenta en este asunto.
    ─A mí me pasa igual, estoy totalmente de acuerdo ─añadió Nena con un ligero toque de vehemencia.
    Comentó también que se iba al día siguiente después de esos días con Elisa y Gustavo y que trataría de preparar su temporada de verano en Sancti Petri.
     ─¿No pasaréis por el Thyssen-Bornemisza para ver la muestra de Hooper? ─indudablementeme refería a la exposición del célebre pintor norteamericano Edward Hooper que tendrá lugar en el citado museo desde el 12 de julio hasta mediados de septiembre.
    ─Sí, la visitaré. Hooper me entusiasma aunque conozco casi toda su obra, en ellas puedo consumir muchos períodos de más de un cuarto de hora ─dijo aludiendo a lo que había declarado antes─. A Elisa también le encanta ─añadió.
    ─Yo no lo conozco pero intentaré visitar la exposición, es posible que entre julio y septiembre deba ir a Madrid al menos dos veces, buscaré un hueco ─dijo Nena.

     Gustavo nos describió con mucha precisión el cuadro de Edward Hooper(1882-1967)  titulado "Faro en Two Lights", situado en un promontorio y con perspectiva vista desde abajo, ya que así se percibe con una sensación de grandeza. Decía que el artista eligió un momento del día preciso, con la luz especial de las primeras horas de la mañana cuando el sol bajo proyectaba largas sombras ─decía Gustavo que ese efecto le recordaba mucho a Giorgio de Chirico.
     Nos contó que para Hooper era esencial buscar esos instantes en los que se generaban alargadas sombras provocando sensaciones de serenidad pero también de melancolía y aislamiento. 

    Otra de las obras preferidas de Gustavo era "Los halcones de la noche", pintada en 1942 mientras EE.UU. estaba en guerra; están representadas cuatro personas ─el empleado de una cafetería y tres clientes─ en la noche. Nos indicaba que el contemplador del cuadro siente como si fuese un voyeur, un mirador furtivo, rodeándose todo de un cierto misterio. Quizás esta sea también la obra más famosa del artista.
    Nena preguntó:
    ─¿En qué movimiento o estilo podría encuadrarse?
    ─Difícil asunto ─respondió Gustavo─. Yo le he llamado siempre "Realismo de época". En América a su estilo lo denominaban "Regionalismo" o incluso lo enmarcaban en un estilo genérico al que le decían de "Escenas estadounidenses".  Prefiero el mío: "Realismo de época".
    ─¿Una especie de costumbrismo quizás? ─pregunté con cierta indecisión.
    ─Pues no creas que estás muy desviado. El costumbrismo es una tendencia o movimiento artístico que pretende que la obra de arte sea una exposición de los usos y costumbres de la sociedad en un tiempo o época determinados. En este sentido podíamos denominarla obra costumbrista también, ¿no os parece? Pero eso pertenece a la Historia del Arte.
    Gustavo hizo una pequeña pausa y nos sorprendió preguntándonos:
    ─¿Sabéis qué es la "Historia del Arte"?
    Nena y yo nos miramos con cara de desconcierto, y él siguió diciendo:
    ─La «Historia del Arte» es un mercado dominado por no más de cinco universidades estadounidenses plagadas de novelistas, que residen en ellas, y para los cuales sólo existen protagonistas anglosajones y germanos.
    Empezó a reír a carcajadas y se adelantó varios metros a Nena y a mí.
Ignacio Pérez Blanquer
Académico de Santa Cecilia

lunes, 19 de octubre de 2020

«Desde 1850»: John Singer Sargent

 

    Habíamos quedado citados ─Lina y yo─ en casa de Gustavo para hablar un rato sobre los pintores rebeldes, sobre aquellos que se independizaban de las tendencias imperantes de su época y adoptaban el estilo que más les complacía. Cuando llegamos tuvimos la agradable sorpresa de encontrar allí a Nena, una amiga que iba a pasar con ellos unos días.

    Gustavo, haciendo honor a su habitual mala memoria, dijo no acordarse de que íbamos a ir y que no había preparado nada sobre el tema, pero nos comentó que eso no era nada extraño y que en todas las épocas había habido buenos y malos pintores reaccionarios a las movimientos dominantes. Él lo achacaba ─entre otras cosas─ al cambiante concepto de belleza y añadió que, al menos, eso sucedía porque la belleza era un valor menos absoluto y que su cotización en el arte actual había bajado muchos enteros.
    Inmediatamente, Nena, Lina y yo pusimos cara rara, y pedí que nos aclarara eso un poco. Expuso su opinión diciendo que la palabra "belleza" se había convertido en una palabra tabú, en un término vetado en el mundo del arte contemporáneo e incluso con connotaciones peyorativas. Dijo que hablar de que una obra es bella está como mal visto y se considera al que lo dice como alguien carente de criterio artístico.
    Nena partió el silencio y con una sonrisa teñida de sarcasmo dijo:
    ─¿Qué pasa? ¿Hablar de belleza es un sacrilegio? ¿Ves? Esas son las cosas del arte moderno que yo no entiendo ni entenderé jamás.
    Gustavo, también sonriendo, añadió:
    ─Bueno, incluso hay quienes la utilizan para provocar un gran impacto haciendo alusiones metafóricas con la belleza cuando ven una obra enteramente abominable. Sí ─afirmó─ son cosas del arte actual.
    Lina intervino para pedirle que nos citara a algún pintor que fuese contra la corriente dominante en alguna época del arte contemporáneo. Y Gustavo contestó:
    ─Ahora recuerdo a John Singer Sargent (1856-1925), un pintor que en los tiempos en los que en el arte dominaban los estilos como el Impresionismo, el Fauvismo y el Cubismo, Singer Sargent practicaba el Realismo, tomando de referencia a pintores clásicos tales como Velázquez y Anton Van Dyck.
    Elisa se acercó a la gran estantería del salón y mientras decía:
    ─Nació en Florencia, Italia, pero era hijo de norteamericanos de clase acomodada, se educó artísticamente en Europa: Roma, Florencia, París. También estuvo en España, y aquí, en el Museo del Prado estudió y copió obras de Velázquez, uno de los pintores que más influyó en él. Ese influjo se percibe con claridad en su cuadro "Las hijas de la familia Boit"

    Gustavo señaló que el pintor había tratado de plasmar sobre el lienzo ese ambiente tan singular de los cuadros de Velázquez, el de las grandes estancias interiores de las casas.
    Mirábamos las atractivas láminas que nos mostraba Elisa y Nena se sorprendió mucho al ver la palidez de una mujer retratada en un cuadro y exclamó:
    ─¡Qué blancura! ¡Qué mujer tan blanca!
    ─Se trata del célebre cuadro de Madame X o de Madame Gautreau. Polémico cuadro ─respondió Elisa.

    ─¡Ah! Creo que sé algo de esa extraña mujer ─intervino Lina─. Leí algo sobre ella hace poco. Dicen que un día en una playa de Cannes escuchó a alguien decir que ya era una belleza en declive y de repente se fue al hotel en un coche cerrado, de allí a París al día siguiente, escondida, y se retiró de la vida social para el resto de su vida, quitando todos los espejos de sus casas. Por lo que sé, únicamente salía en el verano, a medianoche, a pasear por una playa cercana a su residencia estival, ¿no es así? ─preguntó mirando a Gustavo.
    ─Sí, esa es la leyenda que aún circula de Madame Gautreau ─aseveró Gustavo─. Lo cierto es que cuando ese cuadro se presentó en París, en 1884, fue un verdadero escándalo, tanto que Singer Sargent se trasladó a vivir a Londres con el cuadro, al que le tenía un gran aprecio.
    ─¿Y por qué se armó tanto jaleo? ─preguntó Nena enarcando mucho las cejas.
    ─Cosas de la época ─añadió Elisa─. No se sabe muy bien, creo que el gran escote, la blancura de su maquillaje, la pose altiva... bueno, todo eso era demasiado sensual y provocador para aquellos tiempos, y más tratándose de una dama de la alta sociedad.
   Lina quiso saber:
   ─¿Dónde se halla ahora ese retrato?
   ─Quizás lo vimos ─intervino Gustavo mirando a Elisa─ en el Museo Metropolitano de Nueva York aunque ahora no estoy seguro. Por lo visto llegó a tener una impresionante demanda de retratos. Creo que retrató a dos presidentes de los EE.UU.
   Elisa nos contó que se le conocen más de novecientos retratos, más de dos mil  acuarelas y una enorme cantidad de dibujos al carbón.
   ─¿Cómo se le aprecia ahora? ─preguntó Nena.
   ─Ahora muy bien, está muy cotizado. En 2004, en una subasta en un casino de Las Vegas, un famoso cuadro suyo se vendió por casi nueve millones de dólares.  Hacia 1906 empezó a pintar paisajes y cambió el óleo por la acuarela.
   Quizás harto ya de los retratos... y de sus personajes.
Ignacio Pérez Blanquer
Académico de Santa Cecilia


   

sábado, 17 de octubre de 2020

«Desde 1850»: Lucian Freud

 

     Estuve muy atento a todas las palabras que Gustavo pronunciaba en su conferencia, la sala estaba abarrotada de público interesado y él es un orador experto, el tema sobre el que trataba era la llamada "Escuela de Londres" en general y el pintor Lucian Freud (1922-2011) en particular.  Este artista lleva adosada a su apellido la fama de su egregio abuelo Sigmund Freud, el fundador del psicoanálisis. Pero no lo decimos en su demérito pues Lucien Freud es por derecho propio uno de los grandes pintores del siglo XX.

     Un poco de pasada Gustavo habló sobre la plaga de ismos que poblaban el panorama del arte en el siglo anterior e hizo una referencia al que él señaló como el último ismo: el oportunismo.  Dejó caer la palabra y me extrañó mucho que en el coloquio nadie sacase a colación este asunto. Cuando íbamos de regreso, Lina, Elisa, él y yo, no tardé en preguntarle:
    ─¿Qué es eso del nuevo ismo que te has inventado?
    ─¿Te refieres a la mención al oportunismo que he hecho en la conferencia? ─dijo con un suave toque de sorna en sus palabras.
    Lina saltó con rapidez y acompañó mi interrogante con las siguientes palabras:
    ─¡Claro, claro! ¿Qué es eso? ─preguntó casi exaltada.
    Elisa intervino diciendo:
    ─Bueno, no le atosiguemos, ya sabéis cómo es, ahora querrá tenernos en la intriga durante un buen rato ─Elisa hizo una discreta pausa─. Os invitamos a tomar café en casa y nos explicará lo que ha querido decir ─así interrumpimos la conversación sobre el oportunismo como movimiento artístico actual.
    Seguimos comentando algunos aspectos de la vida del pintor Freud, sus primeros años de vida en su Berlín natal y después, a la edad de diez años, su traslado a Londres. El padre de Lucian, Ernst, emigró a Inglaterra con toda su familia en el año 1932, como consecuencia de la corriente antisemita que se apoderaba de su país de origen. Debido a la corta edad con que llegó a Inglaterra, es fácil entender que su formación artística y su posterior desarrollo como pintor fuesen auténticamente británicos.
 "Muchacha con un perro blanco" (1952)
     Le gustaba tratar temas sobre las personas y sus vidas, y sólo en muy contadas ocasiones aceptaba encargos de retratos.
     Recordamos también que su obra "Benefits supervisor sleeping" ─en 2005─ fue el cuadro más cotizado de un pintor aún vivo. 

    Gustavo nos aclaró que Freud en sus obras de juventud tenía indiscutibles influencias del Surrealismo, y que después evolucionó hacía planteamientos de carácter figurativo emparentados a los de Otto Dix y Oscar Kokoschka, aunque la plenitud de su propio estilo no la alcanzó hasta que fortaleció su relación con el que sería su gran amigo, el pintor expresionista figurativo Francis Bacon y también con Frank Auerbach, pintores con los que integra la denominada «Escuela de Londres». Fue a partir de la mitad del siglo XX cuando empezó a pintar retratos con colores neutros, frecuentemente desnudos, utilizando la técnica del empasto (o impasto).  
    Lina, que tiene gran facilidad para recordar todos los aspectos anecdóticos que tienen conexión con el arte, nos comentó:
    ─Ha sido muy interesante lo que has contado de la polémica que se alzó en el Reino Unido por el retrato que le hizo a la reina Isabel, a la que deliberadamente, supongo, le puso unos cuantos años encima.

    ─Sí ─afirmó Gustavo─. Creo que lo he citado en la charla, se trata de un cuadro de pequeño formato, del tamaño de un folio aproximadamente, que pintó posando Isabel II para él. Lo realizó en diecinueve meses de mayo del 2000 a diciembre del 2001. Hubo mucha controversia en la prensa durante varias semanas. En ese tiempo se repitió mucho esta frase del artista: “yo no pinto lo que veo sino lo que es”. Otra cosa anecdótica es que sentía pasión por los caballos y eso le llevó a pintar ejemplares de la escuela de Darlington; se dice que incluso dormía en los establos.
    Cuando llegamos, y ya con el café por delante, le volví a preguntar a Gustavo:
    ─¿Y del oportunismo como movimiento artístico en la actualidad?
    ─Bueno ─me replicó Gustavo─, el oportunismo le digo yo a esa tendencia de los últimos veinte o veinticinco años, que se ha extendido enormemente, y que ha venido a sustituir a todos los ismos del arte. Este oportunismo toma muchas formas pero está basado en que el arte que se realice debe adoptar la forma que exija la 'oportunidad' del instante. Los artistas del oportunismo son gente flexible que hacen lo que se pide o exige la tendencia en un momento dado. A esos artistas se les suele denominar impostores porque sus esfuerzos en la realización de una obra no están en línea con sus verdaderos intereses artísticos sino que van más bien en la dirección de las exigencias del mercado.
    Lina preguntó:
    ─¿Y hay mucho de esto ahora?
    ─Como setas en invierno ─respondió Elisa.
Ignacio Pérez Blanquer
Académico de Santa Cecilia


jueves, 15 de octubre de 2020

«Desde 1850»: Giorgio de Chirico

 

     A veces me complico bastante con las notas que me dio Gustavo para que las fuera publicando. Ya les comenté que sus escritos eran un poco dispersos y algunos también algo confusos y decidí ─hace unos días─ pedirle permiso para escribirlos de otra manera y hacerlos un poco más cómodos para mí, por supuesto respetando el contenido en su totalidad. A Gustavo le pareció muy bien y no puso el más mínimo inconveniente, me dijo que podía hacer lo que me viniera en gana. Se lo agradecí infinitamente pues eso me permitía más flexibilidad descriptiva y podía ─quizás─ expresar de modo más certero sus ideas y sus criterios. Así que ahora me convertiré en el narrador de sus historias. Ruego que perdonen esta intromisión pero trataré de no defraudarles.
     A Gustavo le encanta exasperar a su esposa hablándole en bullshity eso lo hace a menudo cuando él está concentrado en algo y Elisa le interrumpe con alguna materia doméstica. Cuando me mencionó esto enseguida hube de preguntarle qué era eso del bullshit y me respondió:
     ─Todo el que está en el mundo del arte debe aprender este lenguaje, que de eso se trata, y que es ampliamente utilizado con la función de ocupar un espacio verbal, o textual, de una sección en la que no hay contenido ninguno. El bullshit es de lo más eficaz ─me decía con una semisonrisa─ cuando se trata de distraer al público cuando en una exposición, en una obra artística o en un artista no hay ni contenidos ni sustancia.
     Después añadió que antes era una cosa mal vista, pero que de un tiempo a esta parte la consideración sobre el bullshit ha cambiado y es una de las cosas que deben ser aprendidas con rigor por todos los que transitan por el ámbito del arte. No pude sustraerme a la curiosidad de que me dijese algo en ese, que se me antojaba muy peculiar, lenguaje. Parece que me leyó el pensamiento y sonriendo dijo:
     ─Se observan influencias tan diversas como de Caravaggio y Jasper Johns, se crean nuevas combinaciones de ambos con diálogos que son a la par opacos y transparentes. La expresividad comienza como un deseo que pronto se corrompe en una tragedia de la futilidad, dejando sólo un sentido del nihilismo y la perspectiva de un orden armónico ─y al ver la cara que yo ponía ya no pudo reprimir la risa abierta que inmediatamente yo seguí.
     Elisa nos miraba y hacía un movimiento de cabeza que supimos interpretar perfectamente. Le pregunté a Gustavo qué se traía entre manos y me contó que le habían pedido dar una charla sobre la llamada Pittura metafísica y sobre Giorgio de Chirico (1888-1973) y que estaba preparando material. Me dijo que ahora vendría Lina con algunas láminas interesantes. Y así fue, al cabo de unos pocos minutos llegó Lina con una enorme carpeta de la que empezó a extraer preciosas y grandes láminas de cuadros de Chirico.

     Comenté que este pintor me atraía muchísimo y Lina dijo:
     ─Sabrás que se le da el nombre de «pintura metafísica» al movimiento artístico italiano, que fue impulsado y creado por Giorgio de Chirico y Carlo Carrà. Sus obras evocan sueños de plazas típicas de ciudades italianas imaginadas, mezcladas con  objetos que suelen aparecer sueltos o aislados, y representan un mundo misterioso que casi inmediatamente se relaciona con la mente inconsciente, más allá de la realidad física, de ahí el nombre de «pintura metafísica» ─y añadió después de una leve pausa─: eso es lo que me ha explicado Gustavo.
     Éste nos ilustró sobre un curioso aspecto del pintor. Según un estudio bastante reciente parece ser que durante gran parte de su vida sufrió repetitivos síntomas abdominales, migrañas y una variedad de disfunciones cerebrales paroxísticas de aparición brusca parecidas a la epilepsia y que de alguna manera fueron como una fuente de inspiración para su estilo original de pintura. 
     También se acercó Elisa a la amplia mesa y dijo algo que me pareció muy interesante citando al propio artista:
     ─Siempre me impresionó la frase del pintor que decía: «Para llegar a ser verdaderamente inmortal, una obra de arte ha de escapar de todos los límites humanos: la lógica y el sentido común sólo interferirán en ella». Creo que fue hacia 1913, cuando formuló sus ideas sobre la «pintura metafísica».
     Gustavo intervino para precisar:
     ─Y en 1914 pintó uno de sus cuadros más apreciados: "El misterio y la melancolía de una calle", obra evocadora, inquietante, y sin embargo los elementos que la componen son corrientes y familiares. Realmente considero que es una obra extraordinaria.

     Nos quedamos muy callados durante unos momentos mirando la lámina tan precursora del surrealismo, con esos elementos arquitectónicos, sus abundantes sombras y su ambiente angustioso.
     No sé qué me sucedió y hubo unos instantes en los que no lograba escuchar bien lo que ahora decía Gustavo, creo que era algo sobre las influencias en los surrealistas como Dalí, Max Ernst y Magritte. De repente me sentí mal, aturdido. Ese espacio singular, atemporal y misterioso se parecía demasiado a la extraña calle que me había llevado tantas veces a mis encuentros con los poetas.
Ignacio Pérez Blanquer
Académico de Santa Cecilia

martes, 13 de octubre de 2020

«Desde 1850»: Berthe Morisot


     Por la mañana me llamó Lina para preguntarme si podía venir por la tarde acompañada de una amiga. Me incomodó un poco pues yo tenía la intención de dedicar la tarde a ver unas antiguas diapositivas de algunas de las creaciones de Berthe Morisot. Esta artista ─que es considerada como la primera pintora impresionista─ fue excluida y considerada, con un gran tufillo despectivo, como del grupo de "artistas femeninas" sólo porque sus temas eran los de la vida cotidiana: escenas domésticas, mujeres y niños. Morisot seguía las preceptivas impresionistas con gran fidelidad y pintaba lo que veía en su vida normal, lo inmediato y vivo. En realidad, creo, que significó un punto critico y revolucionario, pues Morisot marcó una senda y demostró la posibilidades de las mujeres en las artes a fines del siglo XIX.  Ella decidió dedicarse al arte a pesar de los inconvenientes por ser mujer de la alta burguesía, de ciudad, e interesada por la moda y de activa vida social. Berthe Morisot no se dedicó a la pintura de forma diletante, lo hizo tomando una postura radical que la vincularía al grupo de artistas impresionistas, a la vanguardia del momento.
     Elisa, mi mujer, enseguida ─y como buena anfitriona─ pensó en preparar algo para merendar y conversar con una buena taza de café en la mano, eso le encantaba. Además ella era una auténtica y fiel seguidora de la pintora de Bourges, en el centro de Francia. Tan buena conocedora que me informó de que en la actualidad sus cuadros se cotizan por encima de los tres millones de euros.

     Cuando llegaron Lina y Ana empezamos a hablar de cosas genéricas sobre arte y Ana comentó que tenía un pariente que había expuesto en Nueva York, y que le había ido bastante mal pues le costó un dineral y no le sirvió de mucho. Entonces le dije:
     ─¿Expuso en alguna Vanity Gallery?
     Me miraron de un modo extraño y les expliqué más:
     ─Las llamadas Vanity Galleries, y no sólo las hay en Nueva York, son unas pseudo galerías que tienen un personal muy especializado en encontrar a esos artistas que están dislocados por exponer en la gran ciudad, y de inmediato les ofrecen un contrato para exponer sus obras de manera individual. Normalmente el artista, sorprendido, eufórico y entusiasmado, firma un contrato que consiste en el alquiler de un espacio por una cantidad de dinero muy apreciable. O sea, un timo. Este engaño afecta anualmente a muchísimos candorosos artistas de los cinco continentes
     ─Pues eso es lo que le ha pasado a mi pariente, que ha venido sin vender nada y endeudado; sólo con una simple línea más en el curriculum ─añadió Ana.
     Después las invité a compartir conmigo la sesión de diapositivas y estuvieron encantadas. Les conté que Morisot era cuñada de Édouard Manet, y que a los veinte años conoció al gran Camille Corot, quizás el más importante paisajista de la denominada  Escuela de Barbizon. Corot la admitió como alumna y fue el que la introdujo en los círculos artísticos. 
     ─Pero Manet, curiosamente, nunca se consideró como impresionista ─dijo Elisa─. Es interesante saber que ella fue la que convenció a Édouard Manet de pintar al aire libre e intento atraerlo al grupo de pintores que serían posteriormente los impresionistas.
     Añadí algo que me pareció interesante:
     ─Berthe fue la modelo de Manet en muchos e importantes retratos y también en otras obras de gran formato.

     Lina y Ana estaban realmente admiradas y les producía gran sorpresa saber que el impresionismo estaba lejos de ser ─a pesar de la época─ un movimiento artístico exclusivo de hombres. Lina preguntó:
     ─Gustavo, ¿qué otras artistas femeninas había en esa primera etapa del impresionismo?
     Elisa con su proverbial buena memoria respondió con presteza:
     ─Quizás las más significativas de aquellos primeros tiempos fueron Marie Bracquemond, Mary Cassatt y Eva Gonzalès, todas grandes pintoras pero estaban relegadas a esa insólita condición de  "artistas femeninas".

     Pasamos un rato verdaderamente agradable viendo muchas obras y comentando cosas. Les dije que la vida de Berthe Morisot se ensombreció con la muerte de Édouard Manet en 1883, después la de su esposo, Eugène Manet, en 1892, y la de su hermana Edma que fue quien más la animó para que se dedicara al arte. Ella educó sola a su hija, Julie. Al morir confió su hija a sus amigos, Edgar Degas y Stéphane Mallarmé.
     Ana estaba muy impresionada y había vivido con intensidad la sesión rogándonos mucho que la invitásemos cuando tuviéramos otra. Terminó comentando:
     ─Me gusta el arte sin controversia.
     Me quedé un poco pensativo y añadí:
     ─De ese asunto hablaremos otro día.
    Ignacio Pérez Blanquer
Académico de BB.AA. Santa Cecilia


domingo, 11 de octubre de 2020

Una revisión: «Desde 1850»

     Este es el primero de una serie de artículos (o capítulos) que comencé a escribir en mayo de 2012 con la intención de escribir un libro sobre un grupo ─bastante nutrido─ de artistas relevantes de arte moderno. La idea partía de la existencia de unas supuestas notas manuscritas de un amigo imaginario llamado Gustavo. Este amigo va contando de una manera anárquica algunas de sus andanzas en el mundo del arte contemporáneo acompañado de su esposa Elisa, de su amiga Lina y de otros personajes. El libro empezaba así:

    Nunca me he aclarado con él, pero creo que a lo largo de su vida ha sido "curador", galerista, artista, crítico e incluso coleccionista en algunas ciudades de Estados Unidos y también de Europa. A veces le he pedido que me precisara con alguna definición su concepto del arte contemporáneo y sólo he conseguido que me diga alguna frase de cierta oscuridad como: "el arte es todo aquello que un artista consiga que alguien bien posicionado ─y con influencias─ en el mundo del arte admita como tal, o también cuando alguien de fuera de ese entorno se atreva a decir que no es arte".  Sus notas son dispersas y he debido de introducir un poco de orden en ellas, pero creo que la esencia de lo que Gustavo pretende con sus escritos es decirnos que la tarea que se realiza en el mundo del arte contemporáneo es de gran relevancia para la sociedad y que todas las personas de ese ámbito hacen un aporte colectivo importante para apreciar y entender mejor nuestra realidad social, vital y política, y que ─viendo con mayor perspectiva histórica─ también se contribuye a generar un testimonio duradero de nuestro presente.

«Desde 1850»: Tamara de Lempicka

    Sabía que el título le iba a sorprender a mi esposa y me preguntó inmediatamente qué significaba, le contesté que era el comienzo de la revolución del arte pictórico, es la frontera, los balbuceos del impresionismo, pero que tampoco había que dar una significación especial a una fecha, es sólo un indicador ─una referencia─ para situarnos con cierta aproximación. Creo que le gustó, me indicó que era algo muy breve y fácil de recordar. Después me hizo algunas consideraciones sobre qué orden seguiría o qué criterio, le dije que no habría ninguna cronología y que tampoco mis gustos personales influirían, que todo dependería de las exposiciones, museos o galerías que visitase. Me miró con gesto dubitativo ─o de sorpresa. No sé─ y siguió en sus cosas. Ese mohín me dejó muy claro que, por el momento, no estaba muy interesada en esta nueva aventura artístico-literaria.
    Después llamé a mi amiga Lina que seguro que me acompañaría al museo para ver la muestra de Tamara de Lempicka.  Cuando le expliqué el asunto tuve la impresión de que no se enteró muy bien pues inmediatamente me hizo el correspondiente chiste fácil. Le expliqué un poco que Tamara de Lempicka era una artista polaca que nació en 1898 adscrita al Art Déco y que sus pinturas se han convertido, a lo largo de los años, en un exponente de la superficialidad,  sofisticación y decadencia de la alta sociedad de aquella época. Eso le interesó y me interrumpió diciéndome:
    ─¡Vale, vale!  ¿A qué hora me paso por ti? ─y aún añadió─: Gustavo, ¿cómo dices que se llama la pintora?
    Le repetí su nombre, también que murió en 1980. Quedamos en que ella pasaría por casa a recogerme, pues el Museo Central nos cogía de paso.

  Llegamos a la inauguración de la muestra (vernissage) puntualmente, ella vestía de manera impecable y de alguna manera tuve la impresión de que iba a juego con los cuadros.
    Teníamos un acuerdo tácito, y cuando visitábamos juntos un museo, o una galería, cada uno se movía con toda libertad por la sala y se paraba con quien quería; de vez en cuando nos cruzábamos para cambiar alguna rápida impresión, y otra vez cada uno se dirigía a su punto de interés más inmediato. Solía darle algunos datos para que se relacionase con facilidad por allí y pudiese conversar con soltura. Le expliqué que la artista fue muy famosa y que pintó a muchas celebridades de su tiempo, su máximo esplendor lo alcanzo entre los años 1925 y 1940, cuando dejó París para afincarse en Estados Unidos, durante ese periodo hizo más de cien retratos. También le comenté que su obra se basaba muy exclusivamente en el tratamiento de la figura femenina, pintaba mujeres volátiles, con sutiles curvas y con leves toques eróticos, que solía superponer a rascacielos oscuros en el fondo.
    Lina me escuchó muy atenta; ella tenía una sorprendente ─y admirable─ habilidad para sacar partido de esa pequeña información que yo le proporcionaba.


    Algunos consideran ─y no les veo errados─ que el llamado «mundo del arte» es el juego intelectual más sofisticado que jamás haya sido inventado. Ese juego tiene una serie de reglas complejas de funcionamiento y los participantes se mueven en un sistema de tres coordenadas: una social, en la que el establecimiento de relaciones es lo primordial; otra coordenada es la económica que es en la que subyacen todos los movimientos del juego. Y la otra ─y no menos importante─ la política con su parafernalia de influencias, intereses, administración de la cultura, subvenciones, apoyos, etc.
    De regreso en su automóvil ─que siempre me olía a un buen, y perfumado, tabaco de pipa─   me preguntó:
    ─¿Qué papel jugabas hoy? ¿De crítico? ¿De coleccionista? ─y añadió─: Para mí ha sido una excelente velada inaugural y he disfrutado mucho con los cuadros y con la gente que he conversado, me alegro de haber venido. Curiosa mujer debió ser la Lempicka.
    Con un dedo conseguí aflojarme la corbata y le respondí:
    ─Sí, sin duda, una mujer sorprendente, que en un paisaje dominado por hombres que llevaban sus posibilidades artísticas hasta los límites como el Cubismo, el Dadaísmo, el Fauvismo y el Surrealismo que eran los movimientos artísticos más influyentes en su época ─me refería a los 40 primeros años del siglo XX─ ella pintaba a gente de la nobleza, a estrellas del espectáculo, a ricos y a gente de moda.
    ─Puedo imaginar perfectamente que no era bien vista por sus colegas artistas ─dijo Lina.
    Dejé pasar bastantes segundos antes de responderle a la pregunta que le había dejado pendiente:
    ─Creo que me han considerado coleccionista, he percibido mucha amabilidad y deferencia a mi alrededor, he recibido varias gentiles invitaciones de galeristas y el comisario de la exposición me ha saludado muy cortés y muy rápido, también he intercambiado un apretón de manos con el director. Además he conversado muy poco con los críticos. Todos esos son signos inequívocos.


    Cuando yo salía del auto, a pie de casa, me comentó:
    ─¿Sabes qué impresión he sacado de la vernissage como tú dices? ─y añadió sin esperar mi respuesta─: Allí todo el mundo aparenta no ver nada, pero sin embargo todos están muy atentos a todo.
    Sonreí en señal de asentimiento y le tiré un beso de despedida poniendo y quitando los dedos de mis labios.    
    Ignacio Pérez Blanquer
Académico de Santa Cecilia
Mayo, 2012


lunes, 5 de octubre de 2020

Democracia + Burocracia

     Una vez dije que las democracias actuales son ensoñaciones que no resuelven los problemas, es más, en muchas circunstancias los agravan. Los políticos en ellas únicamente pueden hacer tres cosas y la primera es echar ingentes cantidades dinero sobre los problemas que nos acucian y que ponen en duda los votos que puedan obtener en las próximas elecciones. La segunda es imponer una enorme cantidad de leyes y normas para que los ciudadanos las cumplamos, sí o sí. Y por último crean comisiones de control y supervisión para vigilar que todos esos reglamentos que nos han endilgado se cumplan. Analícenlo con atención y lo verán claro. Otra tarea no hacen, ni tan siquiera pueden pagar las cuentas que son consecuencia de sus actividades, esas las dejan para que los contribuyentes las abonen.

     Eso sí, todo adobado con millones de palabras y con mucha propaganda, para confundir a la gente de a pie. Recordaba ayer un vídeo de hace unos años en el que se entrevista a una mujer después de escuchar un inflamado discurso de Barack Obama en su campaña electoral. Casi con lágrimas en los ojos la señora exclamaba: «¡Ya no tendré que pagar mi hipoteca, ni los billetes de tren ni de autobús!». ¿Es este el tipo de mentalidad que generan las democracias de hoy día?

     Las consecuencias de un sistema tan imperfecto ─y no voy a entrar en la clásica polémica de “lo mejor de lo peor”─ es la burocracia. A nadie se le oculta que las abundantes democracias de nuestro planeta han generado desmesuradas burocracias, que tiranizan nuestras existencias con cada vez más poder avasallador. Puesto que ellas constituyen el gobierno, son capaces de escudarse contra las duras realidades económicas con las que el resto de nosotros tenemos que lidiar continuamente. Sus negociados no pueden quebrar ni resquebrajar, los burócratas muy difícilmente pueden ser enviados al paro, y extrañamente entrarán en conflicto con la ley, ya que ellos son la ley. Tienen capacidad para poner un gran número de dificultades sobre el resto de de los ciudadanos con sus normas, regulaciones y reglamentos. No hay lugar en el mundo en donde la burocracia no fastidie y desmotive las nuevas empresas con multitud de leyes, preceptos y disposiciones, además de brutales costes. También las empresas ya establecidas padecen bajo la sobrecarga de la burocracia. Es normal, además, que más desasistidos y las personas de menor nivel educativo sean los más aquejados en este sistema y que no pueden encontrar trabajo, porque las leyes del salario mínimo, y otras múltiples normas, que aumentan los costes de trabajo los sitúan al margen del mercado laboral. Incluso, si intentan emprender algún negocio, se les hace casi imposible porque no dominan los resortes y las teclas que hay que pulsar en la selva burocrática.

     Eso que algunos dicen de que la democracia se arregla con más democracia es una una falacia, las democracias que intentan (la que lo intente) arreglarse lo hacen siempre aumentado la burocracia y eso las lleva, inexorablemente, al declive y a algún tipo de totalitarismo.

jueves, 1 de octubre de 2020

Briseida a las seis

     Es una lata eso de olvidar la desconexión nocturna del notificador de WhatsApp. Además, lo suelo tener muy fuerte para ─si tengo el móvil perdido por casa─ poderlo escuchar desde cualquier lugar. Esta mañana, ¡a las seis!, me pegó un pitido que salté de la cama asustado; era Briseida que me mandaba el enlace a un artículo acabado de publicar, aquí en España, para que lo leyese. Imaginé enseguida que tendría algo que ver con las tesis que ella sostiene respecto al NOM ─ya saben, el “Nuevo Orden Mundial”─ el Globalismo y todos esos asuntos. Pulsé en el enlace que adjuntaba en el mensaje y, efectivamente, leí: «El argumento de Soros para conseguir la traición de la izquierda mundial».

     Decidí volverme a dormir un rato más y ya lo leería más tarde, a la hora del desayuno. Estuve dando vueltas un cuarto de hora, vi que cada vez estaba más despierto. Encendí la luz de la mesilla, me incorporé y tomé el móvil para leer el escrito.

     Los dos primeros infundían temor, pero no veía ningún dislate:

     «George Soros, principal promotor del Nuevo Orden Mundial (NOM) junto con Bill Gates y el Partido Demócrata de Estados Unidos, ha logrado convencer a la mayoría de las fuerzas de izquierda del mundo, desde chinos a comunistas y socialistas, argumentando que la democracia es un peligro y que a la larga caerá en manos de los extremistas de derecha, lo que obliga a suprimirla creando un gobierno universal único, tiránico e invencible.

     La España actual es una de las víctimas de esa conspiración antidemocrática y Pedro Sánchez y los suyos son de los mas entusiastas seguidores del NOM en todo el planeta, sometiendo a su pueblo, sin escrúpulos, a una transformación traidora y forzada que la mayoría rechaza».

     El tercero remataba la faena:

     «Casi todas las barbaridades que promueve el gobierno español, como su alianza con los que odian a España, el acoso a los que defienden la Constitución, el ataque constante a la Monarquía, la demolición de los sentimientos religiosos y la utilización de una memoria histórica arbitraria y parcial para inyectar odio sólo se entienden como parte de la gran conspiración mundial para acabar con la democracia y los derechos del ser humano».

     Me pareció que lo mejor sería leerlo después del desayuno. Puse la radio para enfrentarme a las noticias que traía el día e inicié mi ceremonia de preparación.

     Primero tomarme las pastillas...