miércoles, 21 de agosto de 2024

¿Y eso del "sentido común"?

      Parece que nos estamos habituando a manejar el “Zoom” y hacer tertulias, medidas, de 40 minutos. Hoy se ha unido a la reunión nuestra amiga Lucía. Kimura y Lantíaca no la conocían y al hacer las preceptivas presentaciones les dije que ella poseía una cualidad excepcional, que es es la de tener el llamado “sentido común” muy desarrollado. También le hablé de su sentido del humor y de sus sorprendentes reflejos a la hora de responder a cualquier cuestión que se le pueda plantear.

      Kimura comentó el primero:

      ─¿En Occidente tenéis alguna filosofía del “sentido común”? En Japón, aunque no lo denominamos así, tenemos mucha tradición en cuanto a los asuntos de lo que en Europa y en todo Occidente consideráis “sentido común”. Y, claro, también nos hace mucha gracia, esa apostilla que siempre añadís; la de que es el menos común de los sentidos.

      Lantíaca rio y dijo:

      ─Sí, claro, hablar de algo “común” parece que atenta contra nuestro individualismo intrínseco y entonces siempre nos vemos obligados a añadir la coletilla de lo “menos común”. Así nos quedamos más conformes.

      En esos momentos pensé que ya teníamos la temática de la tertulia y comenté:

      ─Sí, creo que existe una filosofía del "sentido común" ─aunque no sé mucho de esto─, y ha sido un tema de interés en la historia de la filosofía. Pienso que la idea del "sentido común" ha sido abordada de diversas maneras por diferentes pensadores a lo largo del tiempo. Se ha tratado tanto desde su defensa como base del conocimiento hasta su crítica como una herramienta ideológica. Y quizás su relevancia depende del contexto filosófico y de cómo se interpreta el concepto de "sentido común"; que esa es otra cuestión, la interpretación.

      Me pareció observar que Lucía tenía ganas de intervenir y le dí paso:

      ─Lucía, ¿tú que dices? Al fin y al cabo todo ha comenzado porque he dicho que tú tienes mucho de ese sentido común.

      ─No me gusta meterme en estos berenjenales de tanta profundidad o de tanta filosofía, me gusta más estar a ras del suelo ─comentó Lucía con rapidez─. En mi opinión el "sentido común" se refiere a las creencias y juicios que la mayoría de la gente considera obvios o evidentes sin necesidad de una reflexión profunda. Ahora, también es verdad que con frecuencia, estas creencias se utilizan como punto de partida para construir argumentos filosóficos o para criticar posturas que se consideran demasiado alejadas de la experiencia cotidiana. Pero, insisto, para mí, el “sentido común” son las creencias y juicios de la gente normal y corriente, de los que a diario pisan las calles.

      Lantíaca estaba con la cabeza hacia abajo mirando el móvil y levantó la mano para señalar que deseaba intervenir:

      ─Es curioso, estoy consultando en Internet y veo que ya Aristóteles se ocupó del “sentido común” y también santo Tomás de Aquino. Para ellos el "sentido común" (sensus communis) era considerado como una facultad interna que es capaz de unificar las percepciones de los diferentes sentidos en una experiencia coherente y sensata.

      Lucía respondió al instante:

      ─Sí, pero eso ya se aleja un poco, o bastante, de lo que el hombre de la calle piensa sobre el sentido común.

      Kimura, como hablando consigo mismo, dijo:

      ─En la actualidad, algunos filósofos, especialmente en tradiciones críticas como el marxismo o la teoría crítica, han cuestionado el “sentido común”, argumentando que lo que se considera "sentido común" a menudo refleja ideologías dominantes o prejuicios culturales que pueden ser engañosos o represivos. Pero eso me parece un retorcimiento, ganas de manipular.

      Mientras mis amigos charlaban les prestaba mucha atención a lo que decían, pero también miraba en Internet asuntos relacionados. Encontré que existió una denominada Filosofía Escocesa del Sentido Común, posiblemente una de las formas más explícitas de la filosofía del “sentido común” se encuentra en la tradición escocesa del siglo XVIII, especialmente en la obra de Thomas Reid, del cual nunca he escuchado hablar. Por lo visto Reid argumentaba contra el escepticismo radical de filósofos como David Hume, defendiendo que ciertos principios del “sentido común” tales como la existencia del mundo exterior (ámbito externo) y la fiabilidad de nuestras facultades mentales son autoevidentes y constituyen la base de todo conocimiento. Según Thomás Reid, dudar de estas verdades sería absurdo porque son fundamentales para la vida cotidiana y la comunicación humana.

      Lucía acabó apostillando:

      ─Pues a mí este Reid del siglo XVIII me convence, creo que era un tipo sensato y sabía estar a pie de calle.

      Terminamos riendo y dije:

      ─¿Dejamos para otro día lo de la “mente obsesiva”?

lunes, 19 de agosto de 2024

Las preocupaciones de alrededor

      Escribo esto con rapidez para no olvidar lo hablado esta mañana por “Zoom” con mis amigos Kimura y Lantíaca. La conversación fue variada, pero nos entretuvimos más hablando de la preocupación y de las preocupaciones. Aquí expongo, en líneas generales, nuestro diálogo. Aunque ─y perdónenme─ me habré olvidado de muchos detalles.

      No sé ahora quién puso sobre el tapete la siguiente cuestión, creo que fue Lantíaca:

      ─He estado pensando en cómo la preocupación es realmente un estado mental basado en el temor.

      Kimura se involucró enseguida:

      ─Es cierto. Lo peor es que funciona poco a poco, lentamente, pero es persistente. Se va abriendo camino de forma astuta y sutil hasta que, sin darte cuenta, paraliza tu capacidad de razonar y destruye tu confianza en ti mismo.

      ─Sí ─añadí yo─, es como un círculo vicioso. La preocupación es básicamente un temor mantenido, que nace de la indecisión. Pero lo bueno es que, al ser un estado mental, es algo que sí podemos controlar.

      Lantíaca intervino para decir:

      ─Es lo que yo pienso. Exacto. Cuando nuestra mente está desequilibrada, nos volvemos impotentes. Y la indecisión es lo que descompensa la mente. Claro, aunque me parece que a muchos nos falta la fuerza de voluntad para tomar decisiones con rapidez y mantenernos firmes y sólidos en ellas una vez las hemos tomado.

      ─Es verdad ─continuó Kimura─. Pero cuando finalmente tomamos una decisión firme, dejamos de preocuparnos tanto por las circunstancias.

      Lantíaca siguió comentando:

      ─Es impresionante cómo una decisión puede traer serenidad, incluso en situaciones extremas. Eso demuestra que tomar decisiones puede ayudarnos a aceptar nuestro destino o evitar situaciones no deseadas. Y es que, a través de la indecisión, nuestros temores básicos se convierten en preocupación. Si eliminamos la indecisión, podríamos suprimir esos temores. Por ejemplo, aceptando la muerte como inevitable o decidiendo acumular riqueza sin preocuparnos por la pobreza.

      A Kimura le entró risa y exclamó:

      ─¡Se nota que eres griega! Tienes sentido dramático, trágico...

      También Lantíaca le contestó riendo:

      ─¡Pues vaya! ¿Y vosotros los japoneses?

      Retomando el hilo de la conversación dije:

      ─O decidiendo no preocuparse por lo que la gente piense o diga, y aceptando la vejez como una bendición, llena de sabiduría y autocontrol. Incluso podemos liberarnos del temor a la enfermedad al decidir no centrarnos en los síntomas, o del temor a la pérdida del amor al decidir que podemos seguir adelante sin ese amor, si es necesario. Todo se reduce a desbaratar la costumbre de la preocupación. Si tomamos la decisión de que no hay nada en la vida por lo que valga la pena preocuparse, alcanzaremos paz mental, serenidad y claridad de pensamiento. Y con eso, una alta dosis de felicidad.

      Kimura apostilló:

      ─Eso es exactamente. Un hombre cuya mente está llena de temor no solo arruina sus propias posibilidades de actuar con inteligencia, sino que también contagia ese temor a los demás, destruyendo sus oportunidades.

      Ahora fue Lantíaca la que intervino para terminar:

      ─Yo creo que incluso los animales, como un perro o un gato, pueden percibir cuando su dueño tiene miedo. Captan esas vibraciones de temor y se comportan en consecuencia. Estoy convencida que la capacidad de captar el temor no es exclusiva de los humanos, sino que está presente en toda la línea de inteligencia del reino animal. Por eso es tan importante aprender a dominar nuestros temores y preocupaciones.

      A Kimura lo vi asentir con la cabeza...


martes, 23 de julio de 2024

La llamada de Lantíaca

      Hace unos pocos minutos que he colgado el teléfono, me ha llamado Lanti desde Creta para darme las gracias por el escrito de ayer, dice que ha sido como una sorpresa de verano que no esperaba y que está encantada.

      En esos instantes, añade, que se está preparando para ir a la playa y que no quiere llegar tarde (allí llevan una hora de adelanto en el reloj) por el calor infernal de estos días. Ha comentado que hace más que aquí en El Puerto porque está más al sur. Diciéndome que su pueblo, Matala, está en el paralelo 34 por encima de la línea del ecuador, algo así como a la altura de Rabat o Casablanca.

      Cuenta que hoy va a la playa de sus sueños infantiles en la que mirando al horizonte del Mediterráneo imaginaba que por allí iba navegando la flota de Alejandro Magno a la caza de barcos piratas o camino de nuevas conquistas. Sobre esto también me ha relatado una pequeña anécdota, con su moraleja, que cuentan a los niños de Creta.

      Se dice que llevaron preso ante el gran Alejandro a un capitán pirata que había sido capturado. El poderoso Alejandro le reprochó su conducta en los mares y el hombre contestó:

      ─A mí me llaman “pirata” porque soy un pobre desgraciado que sólo tengo un barco. Si tuviese toda una escuadra y un ejercito me llamarían “conquistador”.

      Alejandro quedó impresionado por la respuesta y perdonó la vida de aquel pirata cretense.

      También me ha hablado más respecto al origen de su nombre, dice haber descubierto que cabe la posibilidad de ascendencia celta. Por lo visto ha averiguado que en algunas lenguas célticas como el gales vulgar y el gaélico, tienen un extenso historial de uso de términos con el prefijo “Lant─” que significa algo así como recinto sagrado o iglesia. Incluso existe la palabra “Lantigern” que se refiere a un santo del siglo V. Ella considera que cabe la posibilidad de que “Lantíaca” sea un derivado de ese nombre céltico, aunque le rondan muchas dudas porque las evidencias son muy limitadas y el contexto cultural de Creta no proporciona ninguna pista sobre el origen.

      Después, casi atragantada de la risa, me cuenta que un primo suyo ─hijo de una hermana de su padre─ tiene otra teoría que, supuestamente, oyó una vez a su madre narrar. En esa nueva historia se sugiere que el origen del nombre “Lantíaca” es español, pero no le ha querido explicar nada más y está muy intrigada.

      Seguro que otro día se lo cuenta. Se va a la playa corriendo...

lunes, 22 de julio de 2024

Lantíaca

     No sé si en alguno de mis anteriores escritos he hablado de mi amiga Lantíaca, la del nombre extraño. La conozco desde hace muchos años, años que no diré porque ella se conserva aún joven y guapa. Es griega, nació en la antigua isla de Creta en un pueblito llamado Matala de la parte sur, de apenas cien habitantes; aunque muy joven su familia se trasladó a Atenas. Ella regresa a Matala cuando necesita perderse y relajarse ─allí le quedan algunos primos─ en su hermosa playa de arena dorada y aguas cristalinas que en verano atrae a muchos turistas que van en busca de un lugar pintoresco y sereno.

      Además de su belleza natural el pueblo también tiene un pasado histórico interesante. Una de sus características distintivas es la existencia de cuevas talladas en los acantilados que rodean su bahía. Estas grutas fueron habitadas en la antigüedad y en la década de los 60 del siglo pasado fueron pobladas por grupos de hippies y otros viajeros que deseaban un modo de vida alternativo.

     Con Lantíaca ─Lanti para los amigos─ he hablado a veces sobre su desconocido nombre, ¿de dónde viene ese nombre? Ella lo ha investigado mucho y nunca ha llegado a ninguna conclusión, ¿fue una creación única de sus padres?, ¿provenía de algún sitio concreto?

     Una vez me contó que su nombre podría tener raíces vascas. Parece ser que allí existe un nombre muy similar: “Lantiaga” que significa “lugar lejano” o “tierra lejana”. Quizás sea plausible que su nombre sea un derivado de “Lantiaga”, pero no ha logrado hallar ninguna evidencia histórica ni lingüística. Otra posibilidad es que su nombre esté conectado con la península italiana. Es fácil ver que “Lantíaca” tiene gran similitud con nombres latinos como “Lanacia” o “Lanciana”, que se derivaron de la palabra latina “lancia”, que significa “lanza” o “pica”. Esos nombres se utilizaron en la antigua Roma y podrían haberse extendido ─modificados─ por la península italiana y más allá; llegando a Creta y Matala.

      Lantíaca dice que ella morirá con las “botas puestas”, trabaja para el sector turístico griego y es una ejecutiva importante, viaja incansablemente por todo el mundo y habla varios idiomas a la perfección. Ahora pasará unos días para descansar, en Matala, su pueblo. Me cuenta que aún conserva su ambiente bohemio y relajado, con tabernas junto al mar, tiendas pintorescas y un ambiente acogedor. Promete enseñarme las cuevas en las que pasaron unas semanas gentes famosas como Joni Mitchel, Bob Dylan, Cat Stevens o John Lennon.

      Habrá que pensarlo, ¿no?...

miércoles, 13 de marzo de 2024

Insignificancias

 

      Tenía un amigo extranjero que siempre llevaba una cámara fotográfica de excelente calidad y le gustaba muchísimo sacar fotos de insignificancias; una hoja o una flor, una copa medio vacía en una mesa, el tapón de una botella en el suelo, un bolso de mujer sobre una silla de un bar, el humo de un cigarrillo. Él decía que todas esas insignificancias tienen un “espíritu” y que, a veces, era posible captarlo con la cámara.

      Me gusta escribir insignificancias, cosas pequeñas, de poco fuste, de esas que podemos pasar por ellas casi sin darnos cuenta.

      Miro mi mesa y también veo esos objetos, un portátil encima de otro, uno ─el de la noche─ con un teclado que tiene marcadas las letras muy grandes y las veo casi en la oscuridad, otro el normal, el del día, con las teclas normalitas y casi invisibles en la penumbra. Un tarro con lápices y bolis, un bloque de hojitas para tomar notas rápidas y una cajita de clips. A la derecha el ratón azul con su imponente alfombrilla negra. Un poco más allá, pero a la mano, el teléfono móvil. Minucias...

      Las minucias bailan a mi alrededor... Pienso en mi operación del próximo miércoles, ¿me llevo un portátil a la clínica? No, mejor una tablet o sólo el smartphone. No sé cuántos días estaré, tres, cinco,... ni idea...

      Será por laparoscopia, esa técnica quirúrgica ─mucho menos invasiva que cortar con el bisturí─ que se realiza para examinar y extirpar, ¿insignificancias?, en el interior del abdomen y la pelvis. Los cirujanos utilizan un laparoscopio, que es un instrumento delgado con una cámara en el extremo que se inserta a través de pequeñas incisiones en la pared abdominal. Esto permite visualizar los órganos internos en un monitor de video, ¿es así? Bueno, más o menos. Hay un pólipo en el ciego, con capacidad de ser obstructivo, que hay que quitar. Cortarán un segmento del intestino grueso y unirán los cabos.

      Estaré unos días fuera, en off. El móvil, si tengo fuerzas y ganas, me tendrá en contacto con el exterior (¡qué no se me olvide llevarme el cargador!).

      Aún queda una semana, una menudencia de tiempo...

jueves, 29 de febrero de 2024

“Y en la hora de nuestra muerte...”

 

      Ayer estuve ordenando y tirando papeles, una labor sedante que me aconsejan muchos amigos que haga con frecuencia. Entre los montones apareció un ejemplar de una publicación del miércoles 6 de septiembre de 1.950, ¡ya hace años! 

      Se trataba del periódico del Puerto "Cruzados" ─que desapareció en marzo de 1969─ era un número extraordinario dedicado a la festividad de la Virgen de los Milagros, la Patrona. Uno de los artículos era de carácter necrológico sobre mi tío-abuelo por vía paterna Ignacio Pérez Muñoz, del que heredé mi nombre. Era un gran sacerdote salesiano (yo siempre he creído que era un santo) y un compañero de la orden le hace un sentido homenaje. Se me ha ocurrido poner este escrito aquí para recordar a mi tío-abuelo al que, lamentablemente, no pude conocer, aunque mi padre me hablaba muy a menudo de él. 


“Y en la hora de nuestra muerte...”

      Una mañana, aquellas manos que durante cerca de cincuenta años, día a día, se habían elevado juntas sobre su cabeza, para demostrar a la adoración de los fieles el Cuerpo del Señor, yacían sobre la Mesa de Altar como dos lirios tronchados: Era su última Misa...

      Sus ojos contemplaron nublados de lágrimas aquellos accidentes que desaparecían ante su vista mientras que el cáliz se convertía en un objeto informe que contenía la Sangre y el Cuerpo del Señor. Y cuando quiso repartir a los fieles el Manjar Divino, sus pies de mensajero de la paz, se negaron a ser los realizadores de la divina misión: Una parálisis progresiva le había acechado como un ladrón nocturno en aquella encrucijada de su vida, para asestarle el golpe de muerte, arrebatándole el don más preciado que Dios concede a los mortales.

* * *

      Cuando lo vi por primera vez después de la terrible prueba, se ofrecía tendido en el lecho, con la mirada brillante y emocionada y una vaga sonrisa entre los labios que era la más heroica floración de la abnegación cristiana.

      Hubo una reciproca mirada de inteligencia un traspaso de corazón a corazón de sentimientos ocultos, mientras el enfermo privado ya del don inestimable de la palabra señalaba confusamente, con aquella mano que se obstinaba en menospreciar el imperio de la voluntad, la imagen de la Virgen pendiente de la cabecera del lecho...

      Era una estampa policromada y colosal de Ntra. Sra. de los Milagros; la misma que una madre santa colocara entre las ropas blancas del equipaje del escolar de antaño, aquel día memorable en que antes de trocar el hogar por el internado lejano, había de escuchar de los labios temblorosos de su progenitora: "¡Qué no dejes de rezarle todos los días a la Patrona!".

      Y desde entonces la Virgen Morenita y buena ejerció un especial patronazgo sobre aquella larga y fecunda vida que al fin se le entregaba como una flor ajada a sus plantas, después de haberle dedicado hasta el último aliento de sus perfumes...

      Suavemente descolgué la imagen de Ntra. Sra. y aplicándola a los labios del enfermo, no se si de ellos brotaron una oración o una ofrenda, pero bien pude comprobar, como el rostro del paciente se iluminaba en una ancha sonrisa de recuerdos: Si; ante aquella memoria que pronto se había de oscurecer en el tiempo a la presencia de la luz increada, el enfermo recordó aquella escena tiernísima en que, según el relato materno, unas manos cariñosas le introducían aún parvulito bajo el manto de la Patrona... Y fue después cuando convertido en lirio de Primera Comunión, escoltaba el altar de la Virgen en una fecha imborrable en que sintió distintamente la llamada hacia el camino del sacerdocio... Y más tarde se vio asimismo subiendo al solio de la Señora, para cantar el cántico de Gloria, reservado a los ministros del Señor... Y a lo largo de su vida... durante muchos años... contempló como hacía un alto en la infatigable labor de su apostolado, para acudir cada 8 de septiembre a acompañar a la Reina en su desfile triunfal...

      Fiel a la consigna de la madre de la tierra, la del Cielo que durante más de cincuenta años venía protegiendo su dueño, se aprestaba a trasladarlo desde las vicisitudes de la tierra al sueño eterno de los justos.

      Y tal fue el tránsito del enfermo; un plácido sueño en que sus oídos de centinela esforzado se fueron cerrando insensiblemente al tronar guerrero de las pasiones humanas.. Un suave sopor en el que a su vista de experto navegante fueron desapareciendo las escolleras que tan hábilmente supo sortear, para avistar las playas dilatadas de un puerto de paz y de refugio eterno.

      Horas después, con la serenidad del justo pintada en el semblante; revestido con los paramentos sacerdotales y ceñidas sus manos con la dulce atadura del Rosario, sus despojos salían de aquel Colegio de Ronda, que él vio arder en una noche trágica y al que hizo resucitar de sus propias cenizas en limitado tiempo, al impulso de su esfuerzo de titán y al que supo infiltrar los rasgos de eterna juventud de que aun hoy goza.

      En el Camposanto de la Ciudad del Tajo, junto a otros beneméritos varones que le precedieron y antecedieron por la senda de la Vida Religiosa, los despojos del querido extinto, aguardan la gloria de la otra inmortalidad.

* * *

      Sobre la cabecera de mi lecho, la imagen de la Virgen de los Milagros que presidiera el principio y el final de la carrera de quien después de Dios me introdujo por los caminos del sacerdocio y en el Jardín de la Congregación Salesiana, campea como Reina y Madre...

      Todas las noches, al evocar la figura de quien amé como a padre bueno, mis labios musitan la más esperanzadora de las plegarias: "...Y en la hora de nuestra muerte...", mientras mis ojos acarician la figura policromada y Morena de mi Patrona.

* * *

      Por el mundo Salesiano que hoy confunde sus fronteras con las dimensiones geográficas del planeta, vuela una carta mortuoria, como una mariposa de alas enlutadas, franqueando la clausura de centenares y millares de centros Salesianos...

      Y en la dulce lengua del Dante, la noticia se hace plegaria y sufragio...

      Queridísimos Hermanos: Con el alma profundamente acongojada os comunico el fallecimiento del Profeso perpetuo, Sacerdote Ignacio Pérez Muñoz...

      Había nacido en el Puerto de Santa María...

  Francisco Villanueva S.S.

Sevilla y Agosto 1950

sábado, 17 de febrero de 2024

Ejercicio hermenéutico

 

      La palabra siempre me ha gustado. En su forma más básica, la hermenéutica se refiere al proceso de comprender el significado de un texto, yendo más allá de su mera literalidad para captar sus implicaciones más profundas y su contexto cultural, histórico y lingüístico. La palabra "hermenéutica" proviene del griego "hermeneutikē", que significa "interpretación". Hoy se me ha ocurrido tratar de interpretar unos versículos del Evangelio de Marcos. En vez de hacer un crucigrama o dormirme delante de la televisión prefiero hacer un, ejercicio hermenéutico, ¡cada uno tiene sus manías!

      Dicen los entendidos que Marcos era el menos culto de los cuatro evangelistas, que su griego dejaba bastante que desear, que no era muy pulido. También es el más breve de los cuatro Evangelios. Posiblemente lo escribió ─todo lo más─ en el año 70 d.C. También comentan los estudiosos que este Evangelio de Marcos debió componerse y divulgarse antes que Mateo y Lucas empezaran a escribir los suyos, pues parece ser que ambos tomaron mucho prestado de Marcos. Digo todo esto porque hoy (por inspiración cuaresmal, quizás) recordaba el pasaje en el que narra que había había un cementerio, donde vivía un hombre que tenía un espíritu maligno. Este individuo poseso día y noche andaba en el cementerio y por los cerros, dando gritos y lastimándose con piedras. Nadie era capaz de sujetarlo, ni siquiera con cadenas. Lo habían encadenado muchas veces y le habían aprisionado los pies con gruesos aros de hierro, pero él rompía las cadenas y despedazaba los aros. Nadie podía con su terrible fuerza. Hubo un momento en el que coincidió con Jesús. Jesús bajaba de una barca y el hombre salía del cementerio: éste, al ver a Jesús a lo lejos, corrió y se puso de rodillas delante de Él.

      Creo que es así la historia, ¿no? Este pasaje nos presenta a un hombre atormentado por un espíritu del mal. Su situación es desesperada: vive en un cementerio, está encadenado, y nadie puede controlarlo. Su fuerza sobrehumana y su comportamiento violento lo convierten en una amenaza para la comunidad. Vive en un cementerio, símbolo de muerte y desolación. Este escenario refleja la condición del hombre, dominado por el mal y alejado de la vida. Atormentado por un espíritu maligno, vive en una situación de aislamiento y sufrimiento. Su fuerza descomunal y su comportamiento agresivo son una manifestación del poder del mal que lo posee. A veces habían utilizado cadenas y aros de hierro para sujetarlo, sin éxito. Esto, pienso, que es una demostración de la impotencia del ser humano frente al poder del mal.

      Al final, Jesús aparece como la única esperanza para el hombre. Su presencia trae consigo la posibilidad de liberación y sanación. La reacción del poseído es inmediata al ver a Jesús, el hombre corre hacia la orilla en la que Jesús había desembarcado y se arrodilla ante Él. Con este gesto indica su reconocimiento a la autoridad de Jesús y la súplica de ayuda.

      Concluyo que este pasaje (Marcos 5:1-9) nos intenta enseñar que el mal es una realidad poderosa que puede causar sufrimiento y destrucción. Sin embargo, la presencia de Jesús trae consigo la esperanza de liberación. Jesús tiene poder sobre el mal y puede restaurar la vida a aquellos que han sido oprimidos por él.

      Seguro que la próxima vez lo hago mejor.

jueves, 1 de febrero de 2024

Mínima crónica de una tertulia interesante

  

      Hace pocos días tuve el privilegio de asistir invitado a una tertulia quincenal en la que participan varios amigos y conocidos. En ella suelen tratarse múltiples temas que van surgiendo de improviso, rara vez vez tienen algo programado de antemano. En la reunión hay mucho nivel y fue para mí un placer escuchar atentamente e intervenir, tímidamente, en muy contadas ocasiones.

      Una de los más asuntos comentados, y de los más interesantes, fue el de relación ─e incógnitas que se presentan─ entre las enfermedades de la mente y Dios. 

      Cierto es que se trata una cosa difícil y no posible llegar a conclusiones certeras, pero se hicieron hermosos planteamientos. Se vio que la relación entre enfermedades mentales y creencias religiosas es compleja y multifacética.

      Quedó constatado que algunas personas encuentran consuelo y apoyo en su fe durante momentos difíciles, mientras que otros pueden experimentar conflictos debido a diferentes interpretaciones religiosas de sus condiciones.

      Vimos también lo importante que es abordar estos temas con comprensión y respeto, reconociendo que la salud mental es influenciada por diversos factores, incluyendo biológicos, psicológicos y sociales.

      Es muy probable que en otra sesión de la tertulia se continúe hablando de esto y, si me invitan, daré cuenta aquí de lo que en ella se exponga; considero que los padecimientos neurológicos graves hay que mirarlos ─y es la tendencia actual─ desde todos los ángulos posibles.

sábado, 30 de diciembre de 2023

Sin fastos



      Érase una vez, en un país lejano, dos ancianos reyes que habitaban en un hermoso castillo de múltiples estancias. El invierno se mostraba frío y desapacible, envolviendo todo con su manto blanco mientras se acercaba la noche de Fin de Año.

      En el amplio salón, un gran televisor presidía el ambiente con el volumen casi inaudible. El matrimonio real, estaba solo y se enfrentaban a la primera Nochevieja sin la compañía de ninguno de sus hijos. Y tampoco había nadie de la guardia real, todos habían tomado una merecidas vacaciones. El eco en las estancias era el único séquito de los viejos reyes. Pero no se mostraba ni tristes ni infelices. Incluso bromeaban sobre la idea de recibir, completamente solos, el Año Nuevo.

      —Esto es como el principio del fin, ¿no? —se encogieron de hombros en señal de aceptación irremediable, riendo juntos.

      —Al menos nos acostaremos pronto y no se nos atragantarán las malditas uvas —comentaron, compartiendo un gesto de complicidad.

      A pesar de que muchos teléfonos había sonado varias veces, decidieron no descolgarlos, sumidos en la quietud de la fortaleza. Esa noche no habría ruidos de copas altas chocando, ni risas de bocas abiertas, en su Nochevieja. El gran salón, por momentos, se hundía en un silencio que solo rompía el débil sonido del televisor.

      —Lo de los "cuartos", las “medias" y lo de todas las campanadas nos importará un soberano bledo —decían, desprendiéndose de las preocupaciones mundanas.

      Con una mezcla de resignación y calma, se entregaron a la idea de pasar la noche solos, disfrutando de la serenidad de su inmenso hogar.

      Mientras el reloj avanzaba inexorablemente hacia la medianoche. Decidieron no prestarle atención al tiempo, dejándose llevar por la suave corriente de sus propios instantes.

—Mañana nos levantaremos, si Dios quiere, a la hora que nos dé la gana. Y comeremos de lo sobrado en estos días, las despensas están atestadas —dijeron, abrazándose con la certeza de que, a pesar de la soledad, la vida seguía y cada instante merecía ser vivido con plenitud.

      Así, en la quietud de su reino, los ancianos reyes despidieron el año, sin grandes celebraciones, sin fastos, pero con la paz que solo el amor y la aceptación de la vida tal como viene pueden brindar.

      Y mientras, afuera, el reloj marcaba el cambio de año, ellos se sumieron en un sueño tranquilo, lejos de las expectativas y convenciones sociales, preparados para despertar a un nuevo día, quizás lleno de posibilidades. Se adentraron en la noche con la certeza de que, al menos, compartían la mejor compañía: la de aquellos que han construido una vida juntos. 

      Colorín, colorado...


Las abuelas

      Ayer, presencié ─quizás─ mis dos momentos más conmovedores de todo el año, los cuales me colmaron de emoción y provocaron que me brotaran algunas lágrimas. En el primero, mi nieta Emma de diez años exhibió una generosidad excepcional al hacer impecablemente la cama de su abuela enferma y acompañarla mientras caminaba por la casa, ofreciéndole apoyo y dirección. En el segundo, el niño ─Carlos─ de doce años, demostró una solidaridad admirable y una madurez impresionante al convertirse en el soporte y báculo de su abuela para permitirle realizar suaves ejercicios y moverse un poco. Estos actos desinteresados y llenos de amor iluminaron mi jornada, reafirmando la importancia y belleza de los lazos familiares. Asimismo, subrayan la tremenda relevancia de inculcar valores de misericordia y compasión a los niños desde una edad temprana.

domingo, 24 de diciembre de 2023

Nochebuena; vida nueva

 

      Hoy es la Nochebuena y no quería dejar este día sin una reflexión fuerte, de esas que a algunos les puede dejar algo de poso. ¿Pretensión vana? No lo sé, en realidad tampoco tiene demasiada importancia. Uno piensa lo escribe y lo lanza al aire, no hay más.

      Cuando uno se va haciendo mayor y lleva años jubilado ─no me llega a gustar mucho esta palabra, a pesar de lo del “júbilo”─, la persona mayor ─el gran adulto─ se ve, de nuevo, en la encrucijada de reestructurar su existencia de manera completamente distinta.

      Para muchos comienza una fase inexplorada hasta entonces, liberados de la implacable presión del tiempo y los compromisos diarios, despojado de las infinitas ocupaciones obligatorias que antes regían la vida. Desde luego, que finalmente, se experimenta la libertad de haberse desprendido del peso de producir, rendir o triunfar, parece que se ha dado el paso al momento propicio para dedicarse a los anhelos postergados durante años.

      Nos retiramos, y aparentemente, se amplía el horizonte de la vida, avivando nuevas expectativas. Sin embargo, pasan los años, y en transcurso de los mismos, todos vamos percibiendo la proximidad del "límite", esto nos va generando una sensación peculiar. A pesar de contar con más tiempo y libertad que nunca, la limitación impuesta por la edad se hace patente, señalando el inevitable camino hacia el final.

      ¿Cómo afrontar este momento tan trascendental de la existencia?

      ¿Cómo abrazar esta etapa de la vida?

      En fin, uno piensa y lo lanza al aire, no hay más...

      Ahora me viene a la memoria una frase que bien pudiera ser de Bukowski: “Sólo hay un pecado, vivir a expensas de lo que los demás piensen de ti”.

      ¡Feliz Nochebuena hermanos!

      Un fuerte abrazo.

miércoles, 20 de diciembre de 2023

Vivir como un niño


      Bueno, hace que no escribo algunas semanas, resulta que estaba perdido en un mundo paralelo donde las palabras son atletas y necesitaban entrenamiento intensivo. Varias veces intenté convencerlas de regresar aquí, pero insistieron en hacer piruetas verbales. Finalmente, logré persuadirlas con promesas de café ilimitado y algún chiste malo. En definitiva, que aquí estoy, de vuelta, con las palabras ─creo que en buena forma─ y listas para escribir como si nada hubiera pasado. ¡La pluma está de vuelta del campo de entrenamiento literario!

      Como ocurre con frecuencia, el tema para escribir me lo proporciona mi amigo japonés Kimura con el que suelo charlar a diario. 

      Esta mañana sacó a relucir un tema en el que ya es recurrente, el del envejecimiento y sus implicancias. Me decía que una de las grandes diferencias entre el mundo occidental y Japón es que aquí, la mayoría de las personas de edad ─más  o menos─ avanzada, se resisten a aceptar el proceso natural del envejecimiento. Intentan por todos los medios reconocer sus limitaciones y el desgaste inherente. Juegan ─siempre con poca fortuna─ a demostrar que conservan su vitalidad y energía, esforzándose por persuadirse y convencer a otros de que aún son jóvenes y robustos. No quieren, en modo alguno, adaptarse a las actividades y al ritmo de vida propios de la vejez les resulta difícil con el paso del tiempo. Esta postura les genera una gran tensión tensión, y esas personas desahogan su amargura y mal humor en su entorno.

      Añadía que subyace un error significativo en esta actitud. Estas personas perciben la vejez exclusivamente como algo negativo y temible. Considerar que el ideal para una persona mayor es vivir, trabajar y sentir como lo haría un joven o, al menos, un adulto, es un absoluto error. Me insistía en que el verdadero ideal consiste en vivir plenamente cada etapa de la vida como hacen allí en Japón.

      Después me preguntó:

      ─¿Cómo verías tú a un joven que anhelara vivir como un niño?