jueves, 23 de marzo de 2023

Los relojes del viejo Eustaquio (Cuento)

 

      Érase una vez un pequeño y estimable viejo relojero llamado Eustaquio. Él vivía solo en su pequeña tienda de relojes en el centro de la ciudad. Siempre estaba muy ocupado reparando relojes y ajustando las manecillas para que marcaran el tiempo correctamente. Sus minúsculas gafas siempre colgaban de su nariz.

      Una noche, mientras estaba profundamente dormido, Eustaquio fue despertado por unos ruidos extraños que venían del piso de abajo. Le pareció escuchar conversaciones y risas como si hubiera alguien en su tienda de relojes. Eustaquio pensó que era imposible que hubiera alguien allí, ya que había blindado su tienda con cerraduras y alarmas.

      Sin encender ninguna lámpara y vestido con un antiguo pijama a rayas azules verticales, Eustaquio se acercó al hueco de escalera que comunicaba su habitación con su tienda de relojes. Miró hacia abajo y vio algo que nunca había visto antes. Todas las vitrinas estaban abiertas y todos los relojes de pulsera estaban en el suelo en perfecta formación, como si fuesen un regimiento de peculiares soldados. Eustaquio podía escucharlos hablar, diciendo, rítmicamente, lemas como: "¡El tiempo somos nosotros! ¡Somos el tiempo! ¡Somos los amos del tiempo!"

      Los relojes más grandes y los despertadores estaban encima de los dos mostradores, apilados en desorden pero con actitud tranquila y con cierto desdén. Algunos gritaban desganados: "¡Somos la paciencia! ¡La paciencia vence al tiempo!"

      Eustaquio observó todo esto asombrado. Pero el reloj grande de péndulo, parecía somnoliento y aburrido, o más bien harto. Finalmente, el reloj dio un fuerte campanazo y gritó: "¡Se acabó la continua guerra entre la paciencia y el tiempo! ¡Todos a su sitio!"

      Eustaquio, entrecerrando los ojos, miró la hora. Eran las cuatro de la madrugada. Se dio la vuelta y regresó a su cama diciendo como para sí mismo:

      ─¡La paciencia y el tiempo!

      ─¿Una extraña combinación? ─se preguntó.

      Se acostó oyendo el tenue murmullo que hacían los cientos de relojes colocándose bien en las vitrinas. Cerró los ojos y volvió a exclamar:

      ─¡La paciencia y el tiempo!

miércoles, 22 de marzo de 2023

Marcos "El abrazador" (Cuento)


De vez en cuando me gusta escribir un cuento, un cuento tiene muchas características interesantes, en primer lugar son breves y se despachan con pocas palabras, son sencillos en su estructura, tienen pocos personajes e investigan sobre temas atemporales y universales. Y, además, los leen mis nietos. 


      Érase una vez un hombre llamado Marcos, que tenía una forma muy particular de demostrar su cariño y amor por las personas que algo le importaban. Marcos creía que la mejor manera de expresar su amor era a través de los abrazos, y la intensidad de su cariño se medía por la duración del abrazo. Algunos abrazos apenas duraban unos segundos, mientras que otros podían extenderse por horas e incluso, en una ocasión, abrazo a una novia que tuvo durante un día entero.

      Marcos amaba a muchas personas en su vida: su familia, sus amigos, sus vecinos, y todos ellos eran las víctimas propiciatorias de su afán por abrazarlos y demostrar su amor. Sin embargo, esto se convirtió en un problema para Marcos, ya que no quería dar abrazos a todas las personas que amaba de manera compulsiva y anormal, pero no podía resistir la necesidad de hacerlo. Como solución, decidió salir a la calle con una camisa de fuerza, lo que le impedía abrazar a nadie.

      Pero esto no fue fácil para Marcos, quien se sintió muy abatido y triste por no poder abrazar a nadie. Pasaban los días, y cada vez se sentía más solo y aislado. Un día, mientras caminaba por la ciudad, vio a una linda mujer de cristal en una tienda de antigüedades. La mujer tenía un brillo especial que llamó la atención de Marcos, y sin dudarlo, entró a la tienda para conocerla mejor.

      La mujer de cristal era hermosa, y Marcos se enamoró perdidamente de ella. No podía resistir la tentación de abrazarla y sentir su frágil cuerpo en sus brazos. La mujer de cristal, sorprendida por el amor que Marcos sentía por ella, decidió aceptar sus abrazos. Marcos la abrazó con toda la fuerza que tenía, y durante unos breves instantes, se sintió feliz y completo.

      Pero entonces algo terrible sucedió. La mujer de cristal se rompió en millones de pedazos cortantes que se clavaron en el cuerpo de Marcos. Él intentó deshacerse de los cristales, pero era demasiado tarde, se estaba desangrando a enorme velocidad abrazado a los pedazos rotos de cristal de la mujer que amaba.

      En el pueblo, desde entonces, Marcos fue recordado como el hombre que amaba abrazar, y aunque su amor fue desmedido, dejó una lección importante que la gente de allí aprendió muy bien: el amor verdadero no tiene nada que ver con la intensidad de los abrazos, sino que se relaciona más directamente con la calidad de las emociones que compartimos con las personas que amamos.


viernes, 13 de enero de 2023

La mosca que pulula

 

      Hoy es el día de mi cumpleaños, hace un día soleado y bonito, el azul del cielo andaluz me hace el honor. Frío, un poco frío, sí; pero no importa. Es un día peculiar, los “cumples” siempre son un poco peculiares, tienen cierto poder y algo de magia y cuando se han vivido tantos se observas algunas curiosidades que se repiten siempre.

      Quería hoy escribir algún pequeño texto para no enfriarme y dejar el 'blog' muchos días parado, pero no sabía de qué tratar. No es que no tenga asuntos, tengo muchos, aunque son de los que necesitan más reflexión y cuidado. Lo del “cumple” me trajo una pregunta un poco malvada: ¿Cuánto tiempo vive una mosca? Una, un poco pesada y loca, revoloteaba a mi alrededor, creo que estaba desubicada y perdida. Demasiado frío para ella.

      ¿Cuánto tiempo vive una mosca?

      Hay muchos tipos de moscas, posiblemente miles (después miraré en Wikipedia a ver si me aclara algo). Sé que la mosca común o musca doméstica, esa que lleva un rato dándome la lata, tiene un ciclo evolutivo que dura entre 10 y 14 días, aunque si se encuentra en condiciones favorables podría llegar a vivir hasta un mes, ¡un mes! Buscaré una palmeta de plástico, especial para moscas, que tengo por ahí perdida.

      Aún recuerdo, de aquellos años en los que impartí Ciencias Naturales, que la drosophila o mosca del vinagre se aparea los cinco primeros días de su existencia, ¡que precocidad! Creo que a la mosca común (la que me está fastidiando en este mismo momento) le sucede exactamente igual. Y ─por si fuera poco─ en esos pocos días sus hembras pueden depositar unos 2.000 huevos.

      Consuela saber que hay otras clases de moscas que únicamente viven un par de días y ahí lo hacen todo.

      ¡Voy a por la palmeta!

miércoles, 11 de enero de 2023

La bandera de la innovación

 

      Probablemente una de las palabras más oídas hoy día sea “innovación”, se usa en política, en el mundo de la empresa, en la enseñanza, en el mundo de la cultura... Tenemos la palabra metida en todos los ámbitos de la actividad humana, incluso en la religión. Es como una muletilla que se nos ha colado por todos los sitios, es, también, como la bandera de un progreso pretendido. Según el diccionario, innovación es la acción de innovar: de mudar, cambiar, alterar. Es variar algo introduciendo novedades.

      Creo que entonces podemos decir que innovar es el proceso de crear algo nuevo o mejorar algo existente. El concepto de innovación podría ser aplicado a un producto, un proceso, un servicio o una nueva forma de hacer las cosas. La innovación puede ser incremental, es decir, mejorando poco a poco un producto o proceso existente, o puede ser disruptiva, es decir, creando un nuevo mercado o cambiando radicalmente una industria. La innovación también podría ser incremental o radical, dependiendo del grado de reforma y novedad que introduce en el sistema.

      La innovación es esencial para el crecimiento económico, la competitividad y el progreso en general, por eso cualquier dirigente político, social o empresarial que no tiene en su discurso nada realmente nuevo que ofrecer se refugia en hablar de la innovación ─siempre con engolada voz─ intentando convencer a su audiencia para que considere la sabiduría que reflejan sus palabras.

      Nunca hemos oído hablar tanto de innovación, en tantos diversos campos, nunca se ha percibido como tan necesaria y nunca se han contado tantas mentiras sobre ella. Desafortunadamente, lo cierto es que nada cambia después de un discurso y, aunque sea muy “políticamente correcto”, generará emociones negativas y sensaciones de decepción.

      ¿Será que es muy fácil hablar sobre la necesidad de la innovación, pero llevar a cabo esa idea es otra historia bien distinta?


martes, 10 de enero de 2023

Un poema de Bukowsky

 

      Bukowsky era un desastre de individuo, pero eso no quita que me gusten sus poemas descarnados, explícitos, unas veces suaves y otras agitados y violentos, repletos de matices autobiográficos y con gran carga de desengaño.

      La poesía de Bukowski, a pesar de comenzar a escribirla a una edad ya madura, es relevante por su duro realismo y su estilo lírico a la vez. A lo largo de su trayecto literario, Bukowski nunca dejó de escribir poesía, su estilo se volvió más directo y austero, como puede verse en obras como "El amor es un perro del infierno" y "La última noche de la tierra".

      Era tipo contradictorio en todo, capaz de decir cosas como “Mi ambición está limitada por mi pereza” sin alterarse lo más mínimo y ser considerado como uno de los autores más influyentes de la literatura americana. Se dice que sus trabajos literarios pertenecen al realismo sucio y a la ficción transgresora. No sé muy bien qué es eso.

      Me gustan sus poemas.


NIRVANA

Sin mucha elección y casi sin quererlo, él era un joven a bordo de un autobús que cruzaba Carolina del Norte rumbo a algún lugar y empezó a nevar y el autobús paró en un café sobre las colinas y los pasajeros entraron.

Él se sentó en el mostrador con los demás, pidió y le trajeron su comida, que estaba particularmente buena lo mismo que el café.

La camarera no era como las mujeres que él había conocido.

No se hacía la interesante, un humor natural emanaba de ella.

El cocinero decía cosas locas.

El lavacopas, atrás, se reía con una risa limpia y placentera.

El joven miraba la nieve a través de las ventanas.

Quería quedarse en ese café para siempre.

Un curioso sentimiento lo inundó: que todo era bello ahí, que todo permanecería siempre bello ahí.

Entonces el chófer avisó a los pasajeros que ya era tiempo de irse.

El joven pensó, me voy a quedar aquí, me voy a quedar aquí.

Pero se levantó y siguió a los otros hasta el autobús.

Encontró su asiento y miró el café por la ventanilla.

El autobús arrancó, dobló una curva, y fue camino abajo, alejándose de las colinas.

El joven miraba hacia adelante.

Los otros pasajeros charlaban de otras cosas leían o intentaban dormir.

No se habían dado cuenta de la magia.

El joven puso su cabeza contra el asiento, cerró los ojos, fingió dormir.

Nada quedaba sólo escuchar el sonido del motor, el sonido de las ruedas en la nieve.

lunes, 9 de enero de 2023

Lo del derecho a errar

 

      Recuerdo que mi madre leyó una vez ─estoy hablando de algo de hace muchos años─ un artículo que trataba sobre el “derecho a equivocarse”, aquel texto le impactó muchísimo y estuvo hablando del mismo durante una buena temporada. Creo que era de la “tercera” del ABC y que su autor era un escritor muy conocido de aquella época. Quizás, no sé, estoy hablando de la década de los 60 de nuestro siglo anterior. Aquel artículo se convirtió para mi madre en una especie de declaración personal de principios, y lo sacaba a colación siempre y cuando le convenía. También, esa consideración del “derecho a equivocarse” pasó entonces a formar parte de mi vida.

      Cierto que de humanos es equivocarse, pero asumir que se ha cometido un error puede ser la pauta para enriquecernos como personas e iniciar cambios en nosotros. Cuando nos obstinamos en encontrar una sola respuesta, perdemos la ocasión de adquirir conocimiento por el hecho de ignorar las posibilidades no válidas. Posiblemente el estar cercano a lo correcto por medio de la eliminación de las respuestas incorrectas nos proporciona siempre un beneficioso aprendizaje.

      No sé si mi madre se hacía estas consideraciones, pero defendía a capa y espada su derecho a errar de vez en cuando, aunque era razonable y admitía que podía haber matices diferentes y que la dimensión del error era un asunto fundamental que introducía nuevas variables.

      Básicamente, el derecho a equivocarse es aquel que nos permite actuar sin temor a no cumplir con las expectativas de los demás. Nos permite intentar cosas nuevas y no quedarnos estancados en una posición segura y estática. Si no tuviésemos este derecho, estaríamos condenados a repetir siempre lo mismo. En otras palabras, el derecho a equivocarse nos da la libertad de explorar y probar cosas nuevas sin miedo al fracaso.

      En el proceso de aprendizaje ─al que antes nos referíamos─ los individuos nos encontramos en constante transformación: nuestra visión crece y nuestro pensamiento se vuelve mucho más profundo que el anterior. Y gracias a ese cambio que se opera, obtendremos una mejor versión de nuestras personas. Nunca terminamos de aprender y es ese deseo de resolver nuestras dudas y de cuestionar lo establecido lo que nos ayudará a crear nuestra vida.

      Mi madre también sabía ─y tenía muy en cuenta─ que los cambios suelen siempre generar algún temor y que nos conducen a procesos que no son sencillos. Pero podemos facilitar los procesos de cambio y transformación si vemos en cada situación la oportunidad de interrogarnos si vamos por el camino correcto o vamos errados; hacer esto no sólo nos permitirá conocer los riesgos y las consecuencias de las decisiones y de los caminos que estamos eligiendo, sino que también nos permitirá darnos cuenta si nos estamos equivocando o si estamos en el buen camino.

      Ella añadiría ahora ─en plan epílogo─ una cuestión, y estoy seguro que que sería parecida a esta: ¿Eres capaz de aceptar tus errores con naturalidad?

      Quedé pensativo unos instantes recordándola y concluí preguntándome: ¿Será ese el quid de la cuestión?

domingo, 8 de enero de 2023

Con la frente en el cristal

      Mirar por la ventana al exterior en un día de lluvia tenue es de las cosas más inspiradoras para mí. Primero transcurren unos minutos de silencio y después aparece una especie de éxtasis repleto de reflexiones sugestivas. Lo difícil viene después, y es recordarlo todo y ponerlo en un papel en blanco.

      Hoy es domingo, 8 de enero, cae una de esas ligeras lluvias, el día es gris, pero gris muy claro, hasta me atrevería a decir radiantemente gris. Apoyaba mi frente en el frío cristal y pensé que la única manera de encontrar satisfacción con nosotros mismos y nuestra vida es poner de modo consciente las prioridades en todo lo que es verdadero y relevante. Sin embargo, en nuestra realidad actual, lo que prima es la idea de que lo más es mejor.

      La aspiración máxima es tener cada vez más objetos y bienes materiales, incluso en detrimento de nuestra salud física y mental, así que nunca nos encontramos conformes. Estamos sumergidos en la idea de todo aquello que nos falta y de los obstáculos que tenemos afrontar para alcanzarlo. Esta claro, al menos según mi experiencia, que chapoteamos en una sociedad que nos impone expectativas irreales no sólo porque son ─la mayoría de las veces─ demasiado altas, sino porque tienen un enfoque erróneo sobre la felicidad, la salud, la fama y otros aspectos en los que el fracaso parece que no tiene lugar. Es esto que se ha dado en llamar “cultura moderna”, poblamos un mundo lleno de posibilidades en todos los campos habidos y por haber y, sin embargo, nada de esto conduce a la felicidad.

      ¿Qué es lo que nos pasa? ¿Es quizás el hecho de tener tantas opciones? Tener muchas opciones nos hace querer elegirlas todas. Esa diversidad es una distracción tan grande y poderosa que no permite que nuestra atención se concentre en una sola actividad. Abarcarlo todo es imposible, y la imposibilidad nos lleva a la frustración. ¿Es así?

      El frío penetraba a través del cristal y tuve que separar mi frente en él apoyada.

      En la actualidad hay miles de oportunidades y opciones, y muchas de ellas son accesibles, pero la verdad es que la felicidad parece ser algo que está muy lejos y que es inalcanzable. A todos nos encantaría que esto no fuese así y pienso que como seres humanos deberíamos tener grandes posibilidades de ser felices y de lograr lo que deseamos. Y, sin embargo, aunque la felicidad debería ser un estado perenne, lo cierto es que una parte muy apreciable del tiempo de nuestra vida nos la pasamos estresados, enojados y frustrados.

      Creo que me he enfriado un poco. Voy a tomarme el segundo café de la mañana...

lunes, 2 de enero de 2023

La siembra de mentiras

      Hoy es 2 de enero y también, al igual que ayer, me he decidido a escribir algo. Cuando me desperté temprano esta mañana, miré los periódicos del día y me dije, creo que en voz bastante alta:

      ─¡Vamos a ver las mentiras que hoy nos cuentan!

      Miré al lado por si mi mujer se había despertado con mi comentario y vi que permanecía quieta. Le eché un ojo a la esquina superior del móvil y percibí que vería pocas noticias pues la batería estaba baja, pocas mentiras podría ver, ¡menos mal!

      No me veía despierto del todo y preferí dejar el tiesto en la mesilla de noche, después lo pondría cargar.

      Con los ojos abiertos en la oscuridad, pensé que la mentira está en la raíz de toda violencia. Sembrando el terreno de embustes únicamente podrá germinar la agitación y la violencia. Pero cuidado, también es una gran falsedad creer que todos los males que nos aquejan sean culpa de los demás y que el engaño parte siempre del contrario. Todos ─en mayor o menor medida─ somos responsables. Posiblemente, lanzar diatribas y atribuir los problemas a las estructuras y al gobierno, es un magnífico pretexto para quedarnos en la superficie de las cosas; ello servirá para hablar y no parar de hablar, pero ─raramente─ provocará alguna acción eficaz. Las personas que tienen que lidiar con las necesidades más básicas de otras personas saben que hay muchos humanos que son víctimas de sus propias carencias de virtud, más que de la sociedad en sí. Y algo así nos pasa.

      Sí,... la mentira es la madre de la violencia, ¿somos conscientes?

      Y acabé despertándome del todo. Pondré el móvil a recargar.

domingo, 1 de enero de 2023

No obstante, feliz 2023

      Este día ─el primero del año 2023─ es día de descanso reflexivo. Entra por los cristales un día claro de sol, pero no tengo ganas de salir a pasear, prefiero escuchar ─de fondo─ el concierto clásico de año nuevo.

      Quizás estoy perdiendo el contacto con la naturaleza, con mi propia naturaleza, con esa profundidad interior más íntima de mi mismo; no sé bien. O será que los seres humanos estamos sufriendo un estilo de vida enfermizo, un ritmo de vida demasiado veloz, una naturaleza contaminada y damos un excesivo valor a lo superficial. ¿Somos los enfermos de una sociedad enferma?

      Vivimos ─así lo percibo hoy─ un mundo extraño, raro. Un mundo donde con dinero se puede comprar cualquier cosa: la felicidad a cambio de unas noches de hotel con “spa”, una casa de segunda mano cerquita de una playa o un paraíso de ficción por medio de un viaje a alguna isla del Caribe.

      Es curioso que la ciencia y la tecnología nos estén poniendo en cotas muy altas, incluso alcanzando las estrellas, pero no se ha logrado hacer felices a los habitantes de la tierra; ni siquiera dar de comer y beber a todos.

      Con nuestras creaciones fantásticas y complejas, los seres humanos corremos el riesgo de convertirnos en seres con cantidades ingentes de toda clase de conocimientos pero sin una "cultura del corazón" y sin una “cultura de la ética” y, en lo más profundo de nosotros mismos, estamos petrificados, sentados y estáticos en una piedra del viejo neolítico. Nuestra percepción del mundo se pierde y muere en un progreso que limita la libertad del hombre y lo programa desde el nacimiento hasta la muerte. Nacer y morir son, nada más, dos ideas entremetidas en el lenguaje de unas tecnologías que desconocen el misterio de la condición humana.

      Muy probablemente sea así: somos los enfermos de una sociedad enferma.

      Y no digo nada nuevo...

sábado, 31 de diciembre de 2022

¡Fuera el 22! ¡Qué viene el 23!

 

      Hoy es el último día de este 2022 y he querido dejar un poco libre la mente y hacer una reflexión espontánea. He mirado a mi alrededor y únicamente me queda la esperanza, quizás utópica, de que a partir de este nuevo 2023 las cosas nos vayan mejor a todos.

      Este año no ha sido un buen año, demasiados dramas, demasiadas muertes, demasiadas expectativas frustradas... Todo ha sido rápido, ráfagas como de metralleta, en las que las balas son las horas, los días y las semanas.

      Recosté la cabeza en el sillón y me venían muchas cosas, respiré en profundidad tres veces tratando de calmarme un poco, de centrarme; incluso cerré los ojos.

      Luego pensé que parece innegable que vivimos en una época en la que la locura parece ser la norma. Cada día se nos muestran noticias que parecen sacadas de una película de ciencia ficción de ínfima calidad. Profesores son sancionados por enseñar hechos científicos básicos, cuentas de Twitter son suspendidas por afirmar cosas obvias, violadores son trasladados a prisiones femeninas donde continúan cometiendo violaciones, estatuas de personajes históricos son derribadas por quienes aparentemente quieren hacer justicia, atletas mujeres son desplazadas de sus eventos deportivos por personas con genitales masculinos, películas inocentes son denostadas por no cumplir con los cánones de lo políticamente correcto, incluso personajes de cuentos infantiles de siempre como Blancanieves y los siete enanitos son considerados políticamente incorrectos.

      Palabras, libros, estatuas e incluso personas enteras son "cancelados" por no cumplir con los estándares de la “corrección política”. ¿Acaso hemos perdido el juicio colectivamente?

      Es cada vez más evidente que muchas personas han perdido la cordura al participar en el debate político. Basta con revisar las redes sociales o los medios de comunicación para ver el caos y la histeria que se han vuelto moneda corriente. Cada día hay alguien que se siente ofendido por algo (la llamada cultura del victimismo), ya sea un cartel publicitario, una conferencia o unas palabras.

      Vivimos bajo el mandato de la corrección política, en un mundo sin género, raza o sexo, y donde hay muchas personas que se presentan como víctimas de algún sistema opresor (el heteropatriarcado, la bifobia o el racismo). Ser víctima se ha convertido en una aspiración, una etiqueta que otorga cierto prestigio ético e, incluso, permite eludir la necesidad de argumentar. Pero, la víctima no siempre tiene razón y, de hecho, no siempre es víctima.

      ¿O, acaso, las víctimas somos todos los demás?

      Bueno, quedamos a la espera de ese 2023. En principio parece que promete, es un número compuesto, no es primo y puede ser dividido por 1, 7, 17, 119, 289 y, claro, por el mismo 2023. ¡Esos 'sietes' tienen buena pinta! ¡Qué no nos falte la esperanza!


miércoles, 28 de diciembre de 2022

Las "neuras" de Kimura

 

      Tal como le prometí a Kimura esta mañana lo llamé para charlar un rato y para ver cómo está de sus temores y obsesiones; cosas que yo creía propias de nosotros, los occidentales, pero de las que los japoneses también participan, incluso mucho más de lo que nosotros creemos. Nadie está a salvo.

      Después de los saludos preliminares me espetó la siguiente pregunta:

      ─¿Tú crees que estoy neurótico?

      No supe, en principio, si empezar a reírme o responderle con toda la seriedad posible; después de considerarlo unos instantes opté por esto último:

      ─Imagino que sabes que el término neurosis se refiere a una forma de comportamiento que se repite de manera regular y que a menudo conduce a relaciones inadecuadas con uno mismo, con los demás y con el entorno. Esto puede incluir una cierta desesperación por no querer ser uno mismo o por querer ser uno mismo, pero no poder hacerlo. Estas dificultades pueden aumentar el riesgo de síntomas de ansiedad o depresión.

      Como vi que se tomaba algunos segundos para asimilar mi contestación, le añadí:

      ─No creo que tú seas un neurótico. O, al menos, no eres más neurótico de lo que somos todos los demás. Aunque, eso sí, cada uno dentro de su mundo real y de sus circunstancias.

      Ahora respondió rápido:

      ─Pues yo creo que tengo ya síntomas de ansiedad y una pizca de depresión.... Sí, creo que estoy un tanto neurótico.

      Le sonreí a través de la pantalla y le dije:

      ─No te preocupes, eso es un signo de la época que estamos viviendo, todos estamos con algo de neurosis. Mira a tu alrededor, seguro que verás señales de eso por todas partes.

      De golpe preguntó:

      ─¿Y la memoria?, ¿qué me dices de la memoria? Tenía una memoria portentosa, siempre la he tenido, y ahora estoy, a diario, con lagunas preocupantes. Un día pierdo las llaves, otro no me acuerdo de números telefónicos habituales, otro no recuerdo qué libro estaba leyendo ni dónde lo puse ayer... ¿Tampoco es eso preocupante? ¿Es hipocondría?

      ─Esto último no lo excluyo, también creo que todos tenemos algunas papeletas de hipocondría, son los tiempos, la educación, las tensiones...

      ─¿Y la memoria? ─insistió.

      ─Mira, vamos a pensar en positivo. Lo probable, es que te suceda eso que se llama actualmente olvido senil beningo que es una alteración leve de la memoria que puede presentarse con el avance de la edad. Esto se manifiesta comúnmente en actividades cotidianas, como el olvido de nombres o números telefónicos. Aunque es normal experimentar algunos cambios en la memoria a medida que envejecemos, el olvido senil benigno no suele afectar significativamente la calidad de vida de las personas que lo padecen. Así que no es preocupante, es cosa normal que le ocurre al 90% de la gente con el paso de los años.

      Su cara cambió y empezó a tener un tono más alegre. Entonces preguntó:

      ─¿Todo esto lo estás aprendiendo en tu “neurociencia”?

      Afirmé riendo con inclinaciones de cabeza.


lunes, 26 de diciembre de 2022

La curiosidad de Kimura

 

      Esta mañana me decía mi amigo japonés Kimura que estoy perdido, que ya no me ve por la red y que conversa poco conmigo. Comentaba que desde que me dedico al estudio de la “neurociencia” no me localiza ningún día para proseguir con nuestras charlas sobre el mundo y sus avatares.

      Después preguntó:

      ─A ver, ¿qué es eso de la “neurociencia” que tanto te magnetiza?

      Sonreí al escuchar la pregunta y me puse en plan profesoral diciéndole:

      ─Puedes mirar en Google que te ampliará la respuesta que yo te dé, pero te puedo decir que la “neurociencia" es una rama de la ciencia que se centra en el estudio del sistema nervioso, incluyendo el cerebro, la médula espinal y los nervios periféricos. Se trata de una materia interdisciplinar que combina elementos de la biología, la medicina, la química, la psicología, la informática y la ingeniería y algunas otras ciencias.

      ─¿Y de qué trata, más o menos? ─insistió en su interrogatorio.

      ─Se puede decir que el objetivo principal de la “neurociencia” es comprender cómo funciona el sistema nervioso (SN) y cómo éste controla y coordina la actividad del cuerpo y la mente. Para ello, los neurocientíficos utilizan técnicas de investigación muy diversas, desde la observación y el análisis de tejidos nerviosos en el laboratorio, hasta la realización de pruebas y experimentos en humanos y animales.

      A través de la pantalla le veía su cara de interés. Proseguí añadiendo:

      ─En los últimos años los avances más importantes de la neurociencia han sido por disponer de imágenes cerebrales obtenidas de los distintos tipos de resonancia magnética, la tomografía axial computerizada (TAC) y la tomografía por emisión de positrones (PET), que permiten ver el cerebro en funcionamiento y comprender cómo se relaciona con la actividad mental y el comportamiento.

      Kimura me interrumpió para comentar:

      ─Imagino que estas técnicas que citas han permitido avances significativos en el conocimiento de enfermedades como el Alzheimer, el Parkinson y la esquizofrenia, así como en el tratamiento de trastornos mentales y del comportamiento, ¿no?

      ─Por supuesto que sí. Además de su aplicación en el campo de la salud, la “neurociencia” también tiene importantes implicaciones en el ámbito educativo, en el desarrollo de tecnologías de la información y en el deporte. Por ejemplo, se ha demostrado que la comprensión de cómo el cerebro aprende y procesa la información puede mejorar la eficacia de la enseñanza y la capacitación. Asimismo, el conocimiento de cómo el cerebro procesa y utiliza la información ha sido fundamental para el desarrollo de tecnologías como la inteligencia artificial y la realidad virtual.

      Kimura dijo que le parecía todo muy interesante pero que dejará algún hueco de tiempo a la semana para seguir con nuestras conversaciones. Le prometí que así lo haría.

      Luego, con esa capacidad de síntesis de la mentalidad japonesa, añadió:

      ─Creo, que el resumen de todo lo que me has dicho es que la “neurociencia” es una disciplina fundamental para comprender cómo funciona el sistema nervioso y cómo éste influye en la actividad del cuerpo y la mente. Así como que sus aplicaciones van desde el tratamiento de enfermedades mentales y físicas hasta el desarrollo de tecnologías de la información y la mejora de la educación, ¿es así?

      ─Cierto, eso es. Lo has captado a la perfección.

      ─Debemos seguir hablando de esto la próxima semana.

      ─Vale. Un abrazo.