jueves, 30 de marzo de 2023

Un reencuentro casual


      En pleno siglo XXI, es más importante que nunca preocuparse por el tipo de mundo en el que vivimos y por el legado que dejaremos a las generaciones futuras. El sistema político-social actual se está colapsando, y está llevando a todo el mundo a una situación sin precedentes en todos los niveles. No podemos seguir ignorando esta verdad ni esperar a que alguien más resuelva esta situación global de esta sociedad que se dirige a un abismo a una velocidad alarmante.

      Harto de malas noticias salgo al balcón que da a la calle estrecha, allí recibo un triángulo de espléndida luz solar que deja pasar el edificio de enfrente. Veo un grupo de chicas jóvenes que juegan con una pelota de poco peso, lo mismo le dan patadas que la impulsan con las manos, oigo perfectamente sus risas, exclamaciones y comentarios.

      Por el extremo derecho de la calle camina con cautela una señora con aspecto adorable, vestida con elegancia, se desplaza con prudentes pasos. Se acerca ─peligrosamente─ al grupo de niñas. Cuando se encontraba bastante próxima a ellas, se les escapa la pelota y va directamente hacia la señora mayor quien con destreza y rapidez pone delante de su cara el brazo izquierdo y, con el codo del mismo, detiene el impacto. La blanda pelota sale disparada hacia la pared de enfrente.

      Las chicas se quedan un tanto desoladas; creo que a la espera de una riña indignada de la mujer. Pero, inexplicablemente, la señora ríe con simpatía y les dice que se acerquen a ella. Todas las chicas ─sorprendidas─ forman un coro alrededor y se disponen a escucharla.

      Afino mi oído para no perderme ni una palabra. Entonces la señora les cuenta que hace muchos años ─en otra ciudad─ le sucedió algo parecido: un niño con pantalones cortos, piernas delgaditas, rubito y buen corredor, dio una patada a un balón que salió incontrolado y casi le pegó en la cara.

      Con cierto descaro me desplacé hacia el extremo del balcón para escuchar mejor lo que hablaban.

      Decía entonces que el chico se quedó lívido, paralizado, y que le dijo que si le llega golpear con el balón le partía la cabeza del mamporro que le daría. Añadió que el chiquillo caminó de espaldas unos pasos hacia atrás y luego salió despavorido. Continuó contándoles que ya no se cruzó nunca con él y que cuando la veía de lejos salía corriendo como quien lleva encima el diablo.

      ─¿Y que pasó después? ─preguntó, curiosa, una de las chicas.

      ─Ya no lo vi nunca más de cerca. Al cabo de unos pocos años, desaparecí de aquella zona de la ciudad y él también, la vida nos llevó a otros lugares.

      ─¿Terminó ahí la historia? ─pregunto otro niña con cara espabilada.

      Tardé unos segundos en responder para dar un poco de intriga, después dije:

      ─Sí, ahí acabó la historia. Pero... un día, hace poco, le vi en una red social y le pregunté si él fue aquel niño escuálido y corredor de pantalones cortos.

      Casi se atropellaron todas ellas para inquirir a la vez:

      ─¡¿Era el mismo?!

      ─Sí ─les contesté─. Era él mismo. Pusimos en pie un montón de recuerdos de muchos años atrás y no había ninguna duda, era él.

      ─¿Y qué pasó después? ─dijo una impaciente.

      ─Pues nada, esto es una historia real, aquí no hay elementos de novela. Después de reconocernos mutuamente en la red social hemos comenzado a intercambiar mensajes y a compartir muchísimos recuerdos de aquella época: lugares, personas, anécdotas y curiosidades mil... A veces nos reímos de cosas de ayer y de hoy, otras compartimos alguna pena. Pero, desde aquel día de nuestro reencuentro en los espacios de Internet, mantenemos una hermosa amistad.

      Se dio cuenta que yo lo había escuchado todo asomado a la calle desde allá arriba. Me miró sonriendo e intentó agitar la mano derecha en señal de saludo, no lo logró, parecía que le dolía o no la tenía bien. Con naturalidad levantó el otro brazo y me saludó moviendo su mano.

      Le correspondí saludándole también y creo que me sonroje un poco.

      Me pareció una linda historia.

lunes, 27 de marzo de 2023

Adalberto quería tener alguna manía (Cuento)

 

      Adalberto era un hombre muy peculiar. Vivía en un pequeño apartamento en el centro de la ciudad y trabajaba en una tienda de libros antiguos. Siempre había sido un poco obsesivo y le preocupaba que todo el mundo tuviera alguna manía, excepto él. Su jefe se ponía, invariablemente, el mismo suéter rojizo todos los miércoles del año y su amigo Cirilo llevaba el reloj de pulsera en la mano derecha hasta mediodía y, a partir de ese instante se lo cambiaba a la izquierda.

      Una noche, como de costumbre, Adalberto se preparaba para acostarse. Se aseguró de tener un paquete de pañuelos de papel que tuviese ─por lo menos tres─ en su mesilla de noche, tal como lo hacía todas las noches. Luego se puso su pijama de algodón azul, que era su favorito porque no tenía rayas verticales. Odiaba los pijamas de rayas, le ponían enfermo.

      Fue al baño y después de lavarse la cara, se afeitó, como hacía todos las noches. Primero usó su rasuradora eléctrica, y luego aplicó espuma de afeitar en su barba y se afeitó con su maquinilla desechable de cuatro hojas, ¡jamás de tres! Al terminar, se aplicó varios tipos de lociones after-shave diferentes, mezclando los aromas cuidadosamente para intentar obtener el olor perfecto.

      Ya en la cama, Adalberto comenzó a leer un libro que había comprado esa tarde en su trabajo. Pero de repente, miró el reloj y vio que eran las 3:14 a.m. Ese número siempre le hace sentirse angustiado depresivo y alterado como si algo terrible estuviera a punto de suceder.

      Se dio cuenta de que había olvidado su ritual nocturno de contar las palabras de las páginas del libro antes de dormir. Comenzó a hacerlo con ansiedad, asegurándose de que la cantidad fuera un número par.

      Pero eso no fue suficiente. Necesitaba algo más, algo que lo hiciera sentir diferente a los demás. Entonces, se le ocurrió que todas las noches, antes de dormir, repetiría el número 128 como un mantra. Y lo haría exactamente 45 veces.

      A medida que avanzaba la noche, Adalberto se iba sintiendo un poco más tranquilo. Aunque seguía preocupado por no tener una manía destacable como todo el mundo, pero creía que sus pequeños hábitos le generaban comodidad y seguridad.

      Finalmente, se le cayó el libro y se durmió. Soñó que estaba en un mundo donde todos eran iguales y nadie tenía manías.

      Colorín, colorado...

sábado, 25 de marzo de 2023

Arena y agua (Cuento)

 

      Érase una vez un pequeño grano de arena que flotaba en los espacios siderales. El grano de arena se sentía muy solo y se preguntaba cuál era su propósito en la vida. Un día, mientras navegaba por esos cielos sin rumbo fijo, el granito de arena se cruzó con una minúscula gota de agua que se movía a gran velocidad.

      ─¡Hola! ─saludó la arena al agua.

      ─¡Hola! ─respondió la gota─ ¿qué estás haciendo aquí tan solo?

      ─Estoy buscando mi propósito en la vida ─respondió la partícula de arena.

      El agua comenzó a reírse y añadió:

      ─No hay propósito en la vida, amigo. Nuestra existencia no es más que un cortocircuito de luz entre dos eternidades de oscuridad (*).

      El grano de arena se puso muy triste al escuchar eso. ¿Es cierto que no había nada más en la vida que un simple destello de luz en medio de la oscuridad?

      Entonces, en esos justos instantes, sucedió algo tremendo. El pequeño grano y la gota de líquido comenzaron a interactuar, y juntos crearon algo increíble, una mezcla, o más bien una molécula. La molécula era mucho más grande y compleja que la pizca de agua o la arena por separado, ¡aquello tenía potencial para formar cosas increíbles como más agua, alimentos y seres vivos!

      La minúscula migaja de arena se sintió muy feliz al ver lo que había logrado junto con la gota de agua. Ahora entendía que su propósito en la vida no era encontrar algo preestablecido, sino crear algo nuevo y valioso a partir de sus interacciones con el mundo que lo rodeaba.

      Y así, la arena y el agua continuaron su viaje a través del universo, creando moléculas y formas de vida cada vez más complejas, hasta que finalmente llegó el momento en que su cortocircuito de luz se apagó para siempre, y volvieron a la eternidad de la oscuridad. Pero su legado perduró, en forma de vida y de todo lo que habían creado a lo largo de su existencia.

      Colorín, colorado...


(*) Frase del escritor Vladimir Nabokov que me ha inspirado este cuento.

jueves, 23 de marzo de 2023

Los relojes del viejo Eustaquio (Cuento)

 

      Érase una vez un pequeño y estimable viejo relojero llamado Eustaquio. Él vivía solo en su pequeña tienda de relojes en el centro de la ciudad. Siempre estaba muy ocupado reparando relojes y ajustando las manecillas para que marcaran el tiempo correctamente. Sus minúsculas gafas siempre colgaban de su nariz.

      Una noche, mientras estaba profundamente dormido, Eustaquio fue despertado por unos ruidos extraños que venían del piso de abajo. Le pareció escuchar conversaciones y risas como si hubiera alguien en su tienda de relojes. Eustaquio pensó que era imposible que hubiera alguien allí, ya que había blindado su tienda con cerraduras y alarmas.

      Sin encender ninguna lámpara y vestido con un antiguo pijama a rayas azules verticales, Eustaquio se acercó al hueco de escalera que comunicaba su habitación con su tienda de relojes. Miró hacia abajo y vio algo que nunca había visto antes. Todas las vitrinas estaban abiertas y todos los relojes de pulsera estaban en el suelo en perfecta formación, como si fuesen un regimiento de peculiares soldados. Eustaquio podía escucharlos hablar, diciendo, rítmicamente, lemas como: "¡El tiempo somos nosotros! ¡Somos el tiempo! ¡Somos los amos del tiempo!"

      Los relojes más grandes y los despertadores estaban encima de los dos mostradores, apilados en desorden pero con actitud tranquila y con cierto desdén. Algunos gritaban desganados: "¡Somos la paciencia! ¡La paciencia vence al tiempo!"

      Eustaquio observó todo esto asombrado. Pero el reloj grande de péndulo, parecía somnoliento y aburrido, o más bien harto. Finalmente, el reloj dio un fuerte campanazo y gritó: "¡Se acabó la continua guerra entre la paciencia y el tiempo! ¡Todos a su sitio!"

      Eustaquio, entrecerrando los ojos, miró la hora. Eran las cuatro de la madrugada. Se dio la vuelta y regresó a su cama diciendo como para sí mismo:

      ─¡La paciencia y el tiempo!

      ─¿Una extraña combinación? ─se preguntó.

      Se acostó oyendo el tenue murmullo que hacían los cientos de relojes colocándose bien en las vitrinas. Cerró los ojos y volvió a exclamar:

      ─¡La paciencia y el tiempo!

miércoles, 22 de marzo de 2023

Marcos "El abrazador" (Cuento)


De vez en cuando me gusta escribir un cuento, un cuento tiene muchas características interesantes, en primer lugar son breves y se despachan con pocas palabras, son sencillos en su estructura, tienen pocos personajes e investigan sobre temas atemporales y universales. Y, además, los leen mis nietos. 


      Érase una vez un hombre llamado Marcos, que tenía una forma muy particular de demostrar su cariño y amor por las personas que algo le importaban. Marcos creía que la mejor manera de expresar su amor era a través de los abrazos, y la intensidad de su cariño se medía por la duración del abrazo. Algunos abrazos apenas duraban unos segundos, mientras que otros podían extenderse por horas e incluso, en una ocasión, abrazo a una novia que tuvo durante un día entero.

      Marcos amaba a muchas personas en su vida: su familia, sus amigos, sus vecinos, y todos ellos eran las víctimas propiciatorias de su afán por abrazarlos y demostrar su amor. Sin embargo, esto se convirtió en un problema para Marcos, ya que no quería dar abrazos a todas las personas que amaba de manera compulsiva y anormal, pero no podía resistir la necesidad de hacerlo. Como solución, decidió salir a la calle con una camisa de fuerza, lo que le impedía abrazar a nadie.

      Pero esto no fue fácil para Marcos, quien se sintió muy abatido y triste por no poder abrazar a nadie. Pasaban los días, y cada vez se sentía más solo y aislado. Un día, mientras caminaba por la ciudad, vio a una linda mujer de cristal en una tienda de antigüedades. La mujer tenía un brillo especial que llamó la atención de Marcos, y sin dudarlo, entró a la tienda para conocerla mejor.

      La mujer de cristal era hermosa, y Marcos se enamoró perdidamente de ella. No podía resistir la tentación de abrazarla y sentir su frágil cuerpo en sus brazos. La mujer de cristal, sorprendida por el amor que Marcos sentía por ella, decidió aceptar sus abrazos. Marcos la abrazó con toda la fuerza que tenía, y durante unos breves instantes, se sintió feliz y completo.

      Pero entonces algo terrible sucedió. La mujer de cristal se rompió en millones de pedazos cortantes que se clavaron en el cuerpo de Marcos. Él intentó deshacerse de los cristales, pero era demasiado tarde, se estaba desangrando a enorme velocidad abrazado a los pedazos rotos de cristal de la mujer que amaba.

      En el pueblo, desde entonces, Marcos fue recordado como el hombre que amaba abrazar, y aunque su amor fue desmedido, dejó una lección importante que la gente de allí aprendió muy bien: el amor verdadero no tiene nada que ver con la intensidad de los abrazos, sino que se relaciona más directamente con la calidad de las emociones que compartimos con las personas que amamos.


viernes, 13 de enero de 2023

La mosca que pulula

 

      Hoy es el día de mi cumpleaños, hace un día soleado y bonito, el azul del cielo andaluz me hace el honor. Frío, un poco frío, sí; pero no importa. Es un día peculiar, los “cumples” siempre son un poco peculiares, tienen cierto poder y algo de magia y cuando se han vivido tantos se observas algunas curiosidades que se repiten siempre.

      Quería hoy escribir algún pequeño texto para no enfriarme y dejar el 'blog' muchos días parado, pero no sabía de qué tratar. No es que no tenga asuntos, tengo muchos, aunque son de los que necesitan más reflexión y cuidado. Lo del “cumple” me trajo una pregunta un poco malvada: ¿Cuánto tiempo vive una mosca? Una, un poco pesada y loca, revoloteaba a mi alrededor, creo que estaba desubicada y perdida. Demasiado frío para ella.

      ¿Cuánto tiempo vive una mosca?

      Hay muchos tipos de moscas, posiblemente miles (después miraré en Wikipedia a ver si me aclara algo). Sé que la mosca común o musca doméstica, esa que lleva un rato dándome la lata, tiene un ciclo evolutivo que dura entre 10 y 14 días, aunque si se encuentra en condiciones favorables podría llegar a vivir hasta un mes, ¡un mes! Buscaré una palmeta de plástico, especial para moscas, que tengo por ahí perdida.

      Aún recuerdo, de aquellos años en los que impartí Ciencias Naturales, que la drosophila o mosca del vinagre se aparea los cinco primeros días de su existencia, ¡que precocidad! Creo que a la mosca común (la que me está fastidiando en este mismo momento) le sucede exactamente igual. Y ─por si fuera poco─ en esos pocos días sus hembras pueden depositar unos 2.000 huevos.

      Consuela saber que hay otras clases de moscas que únicamente viven un par de días y ahí lo hacen todo.

      ¡Voy a por la palmeta!

miércoles, 11 de enero de 2023

La bandera de la innovación

 

      Probablemente una de las palabras más oídas hoy día sea “innovación”, se usa en política, en el mundo de la empresa, en la enseñanza, en el mundo de la cultura... Tenemos la palabra metida en todos los ámbitos de la actividad humana, incluso en la religión. Es como una muletilla que se nos ha colado por todos los sitios, es, también, como la bandera de un progreso pretendido. Según el diccionario, innovación es la acción de innovar: de mudar, cambiar, alterar. Es variar algo introduciendo novedades.

      Creo que entonces podemos decir que innovar es el proceso de crear algo nuevo o mejorar algo existente. El concepto de innovación podría ser aplicado a un producto, un proceso, un servicio o una nueva forma de hacer las cosas. La innovación puede ser incremental, es decir, mejorando poco a poco un producto o proceso existente, o puede ser disruptiva, es decir, creando un nuevo mercado o cambiando radicalmente una industria. La innovación también podría ser incremental o radical, dependiendo del grado de reforma y novedad que introduce en el sistema.

      La innovación es esencial para el crecimiento económico, la competitividad y el progreso en general, por eso cualquier dirigente político, social o empresarial que no tiene en su discurso nada realmente nuevo que ofrecer se refugia en hablar de la innovación ─siempre con engolada voz─ intentando convencer a su audiencia para que considere la sabiduría que reflejan sus palabras.

      Nunca hemos oído hablar tanto de innovación, en tantos diversos campos, nunca se ha percibido como tan necesaria y nunca se han contado tantas mentiras sobre ella. Desafortunadamente, lo cierto es que nada cambia después de un discurso y, aunque sea muy “políticamente correcto”, generará emociones negativas y sensaciones de decepción.

      ¿Será que es muy fácil hablar sobre la necesidad de la innovación, pero llevar a cabo esa idea es otra historia bien distinta?


martes, 10 de enero de 2023

Un poema de Bukowsky

 

      Bukowsky era un desastre de individuo, pero eso no quita que me gusten sus poemas descarnados, explícitos, unas veces suaves y otras agitados y violentos, repletos de matices autobiográficos y con gran carga de desengaño.

      La poesía de Bukowski, a pesar de comenzar a escribirla a una edad ya madura, es relevante por su duro realismo y su estilo lírico a la vez. A lo largo de su trayecto literario, Bukowski nunca dejó de escribir poesía, su estilo se volvió más directo y austero, como puede verse en obras como "El amor es un perro del infierno" y "La última noche de la tierra".

      Era tipo contradictorio en todo, capaz de decir cosas como Mi ambición está limitada por mi pereza” sin alterarse lo más mínimo y ser considerado como uno de los autores más influyentes de la literatura americana. Se dice que sus trabajos literarios pertenecen al realismo sucio y a la ficción transgresora. No sé muy bien qué es eso.

      Me gustan sus poemas.


NIRVANA

Sin mucha elección y casi sin quererlo, él era un joven a bordo de un autobús que cruzaba Carolina del Norte rumbo a algún lugar y empezó a nevar y el autobús paró en un café sobre las colinas y los pasajeros entraron.

Él se sentó en el mostrador con los demás, pidió y le trajeron su comida, que estaba particularmente buena lo mismo que el café.

La camarera no era como las mujeres que él había conocido.

No se hacía la interesante, un humor natural emanaba de ella.

El cocinero decía cosas locas.

El lavacopas, atrás, se reía con una risa limpia y placentera.

El joven miraba la nieve a través de las ventanas.

Quería quedarse en ese café para siempre.

Un curioso sentimiento lo inundó: que todo era bello ahí, que todo permanecería siempre bello ahí.

Entonces el chófer avisó a los pasajeros que ya era tiempo de irse.

El joven pensó, me voy a quedar aquí, me voy a quedar aquí.

Pero se levantó y siguió a los otros hasta el autobús.

Encontró su asiento y miró el café por la ventanilla.

El autobús arrancó, dobló una curva, y fue camino abajo, alejándose de las colinas.

El joven miraba hacia adelante.

Los otros pasajeros charlaban de otras cosas leían o intentaban dormir.

No se habían dado cuenta de la magia.

El joven puso su cabeza contra el asiento, cerró los ojos, fingió dormir.

Nada quedaba sólo escuchar el sonido del motor, el sonido de las ruedas en la nieve.

lunes, 9 de enero de 2023

Lo del derecho a errar

 

      Recuerdo que mi madre leyó una vez ─estoy hablando de algo de hace muchos años─ un artículo que trataba sobre el “derecho a equivocarse”, aquel texto le impactó muchísimo y estuvo hablando del mismo durante una buena temporada. Creo que era de la “tercera” del ABC y que su autor era un escritor muy conocido de aquella época. Quizás, no sé, estoy hablando de la década de los 60 de nuestro siglo anterior. Aquel artículo se convirtió para mi madre en una especie de declaración personal de principios, y lo sacaba a colación siempre y cuando le convenía. También, esa consideración del “derecho a equivocarse” pasó entonces a formar parte de mi vida.

      Cierto que de humanos es equivocarse, pero asumir que se ha cometido un error puede ser la pauta para enriquecernos como personas e iniciar cambios en nosotros. Cuando nos obstinamos en encontrar una sola respuesta, perdemos la ocasión de adquirir conocimiento por el hecho de ignorar las posibilidades no válidas. Posiblemente el estar cercano a lo correcto por medio de la eliminación de las respuestas incorrectas nos proporciona siempre un beneficioso aprendizaje.

      No sé si mi madre se hacía estas consideraciones, pero defendía a capa y espada su derecho a errar de vez en cuando, aunque era razonable y admitía que podía haber matices diferentes y que la dimensión del error era un asunto fundamental que introducía nuevas variables.

      Básicamente, el derecho a equivocarse es aquel que nos permite actuar sin temor a no cumplir con las expectativas de los demás. Nos permite intentar cosas nuevas y no quedarnos estancados en una posición segura y estática. Si no tuviésemos este derecho, estaríamos condenados a repetir siempre lo mismo. En otras palabras, el derecho a equivocarse nos da la libertad de explorar y probar cosas nuevas sin miedo al fracaso.

      En el proceso de aprendizaje ─al que antes nos referíamos─ los individuos nos encontramos en constante transformación: nuestra visión crece y nuestro pensamiento se vuelve mucho más profundo que el anterior. Y gracias a ese cambio que se opera, obtendremos una mejor versión de nuestras personas. Nunca terminamos de aprender y es ese deseo de resolver nuestras dudas y de cuestionar lo establecido lo que nos ayudará a crear nuestra vida.

      Mi madre también sabía ─y tenía muy en cuenta─ que los cambios suelen siempre generar algún temor y que nos conducen a procesos que no son sencillos. Pero podemos facilitar los procesos de cambio y transformación si vemos en cada situación la oportunidad de interrogarnos si vamos por el camino correcto o vamos errados; hacer esto no sólo nos permitirá conocer los riesgos y las consecuencias de las decisiones y de los caminos que estamos eligiendo, sino que también nos permitirá darnos cuenta si nos estamos equivocando o si estamos en el buen camino.

      Ella añadiría ahora ─en plan epílogo─ una cuestión, y estoy seguro que que sería parecida a esta: ¿Eres capaz de aceptar tus errores con naturalidad?

      Quedé pensativo unos instantes recordándola y concluí preguntándome: ¿Será ese el quid de la cuestión?

domingo, 8 de enero de 2023

Con la frente en el cristal

      Mirar por la ventana al exterior en un día de lluvia tenue es de las cosas más inspiradoras para mí. Primero transcurren unos minutos de silencio y después aparece una especie de éxtasis repleto de reflexiones sugestivas. Lo difícil viene después, y es recordarlo todo y ponerlo en un papel en blanco.

      Hoy es domingo, 8 de enero, cae una de esas ligeras lluvias, el día es gris, pero gris muy claro, hasta me atrevería a decir radiantemente gris. Apoyaba mi frente en el frío cristal y pensé que la única manera de encontrar satisfacción con nosotros mismos y nuestra vida es poner de modo consciente las prioridades en todo lo que es verdadero y relevante. Sin embargo, en nuestra realidad actual, lo que prima es la idea de que lo más es mejor.

      La aspiración máxima es tener cada vez más objetos y bienes materiales, incluso en detrimento de nuestra salud física y mental, así que nunca nos encontramos conformes. Estamos sumergidos en la idea de todo aquello que nos falta y de los obstáculos que tenemos afrontar para alcanzarlo. Esta claro, al menos según mi experiencia, que chapoteamos en una sociedad que nos impone expectativas irreales no sólo porque son ─la mayoría de las veces─ demasiado altas, sino porque tienen un enfoque erróneo sobre la felicidad, la salud, la fama y otros aspectos en los que el fracaso parece que no tiene lugar. Es esto que se ha dado en llamar “cultura moderna”, poblamos un mundo lleno de posibilidades en todos los campos habidos y por haber y, sin embargo, nada de esto conduce a la felicidad.

      ¿Qué es lo que nos pasa? ¿Es quizás el hecho de tener tantas opciones? Tener muchas opciones nos hace querer elegirlas todas. Esa diversidad es una distracción tan grande y poderosa que no permite que nuestra atención se concentre en una sola actividad. Abarcarlo todo es imposible, y la imposibilidad nos lleva a la frustración. ¿Es así?

      El frío penetraba a través del cristal y tuve que separar mi frente en él apoyada.

      En la actualidad hay miles de oportunidades y opciones, y muchas de ellas son accesibles, pero la verdad es que la felicidad parece ser algo que está muy lejos y que es inalcanzable. A todos nos encantaría que esto no fuese así y pienso que como seres humanos deberíamos tener grandes posibilidades de ser felices y de lograr lo que deseamos. Y, sin embargo, aunque la felicidad debería ser un estado perenne, lo cierto es que una parte muy apreciable del tiempo de nuestra vida nos la pasamos estresados, enojados y frustrados.

      Creo que me he enfriado un poco. Voy a tomarme el segundo café de la mañana...

lunes, 2 de enero de 2023

La siembra de mentiras

      Hoy es 2 de enero y también, al igual que ayer, me he decidido a escribir algo. Cuando me desperté temprano esta mañana, miré los periódicos del día y me dije, creo que en voz bastante alta:

      ─¡Vamos a ver las mentiras que hoy nos cuentan!

      Miré al lado por si mi mujer se había despertado con mi comentario y vi que permanecía quieta. Le eché un ojo a la esquina superior del móvil y percibí que vería pocas noticias pues la batería estaba baja, pocas mentiras podría ver, ¡menos mal!

      No me veía despierto del todo y preferí dejar el tiesto en la mesilla de noche, después lo pondría cargar.

      Con los ojos abiertos en la oscuridad, pensé que la mentira está en la raíz de toda violencia. Sembrando el terreno de embustes únicamente podrá germinar la agitación y la violencia. Pero cuidado, también es una gran falsedad creer que todos los males que nos aquejan sean culpa de los demás y que el engaño parte siempre del contrario. Todos ─en mayor o menor medida─ somos responsables. Posiblemente, lanzar diatribas y atribuir los problemas a las estructuras y al gobierno, es un magnífico pretexto para quedarnos en la superficie de las cosas; ello servirá para hablar y no parar de hablar, pero ─raramente─ provocará alguna acción eficaz. Las personas que tienen que lidiar con las necesidades más básicas de otras personas saben que hay muchos humanos que son víctimas de sus propias carencias de virtud, más que de la sociedad en sí. Y algo así nos pasa.

      Sí,... la mentira es la madre de la violencia, ¿somos conscientes?

      Y acabé despertándome del todo. Pondré el móvil a recargar.

domingo, 1 de enero de 2023

No obstante, feliz 2023

      Este día ─el primero del año 2023─ es día de descanso reflexivo. Entra por los cristales un día claro de sol, pero no tengo ganas de salir a pasear, prefiero escuchar ─de fondo─ el concierto clásico de año nuevo.

      Quizás estoy perdiendo el contacto con la naturaleza, con mi propia naturaleza, con esa profundidad interior más íntima de mi mismo; no sé bien. O será que los seres humanos estamos sufriendo un estilo de vida enfermizo, un ritmo de vida demasiado veloz, una naturaleza contaminada y damos un excesivo valor a lo superficial. ¿Somos los enfermos de una sociedad enferma?

      Vivimos ─así lo percibo hoy─ un mundo extraño, raro. Un mundo donde con dinero se puede comprar cualquier cosa: la felicidad a cambio de unas noches de hotel con “spa”, una casa de segunda mano cerquita de una playa o un paraíso de ficción por medio de un viaje a alguna isla del Caribe.

      Es curioso que la ciencia y la tecnología nos estén poniendo en cotas muy altas, incluso alcanzando las estrellas, pero no se ha logrado hacer felices a los habitantes de la tierra; ni siquiera dar de comer y beber a todos.

      Con nuestras creaciones fantásticas y complejas, los seres humanos corremos el riesgo de convertirnos en seres con cantidades ingentes de toda clase de conocimientos pero sin una "cultura del corazón" y sin una “cultura de la ética” y, en lo más profundo de nosotros mismos, estamos petrificados, sentados y estáticos en una piedra del viejo neolítico. Nuestra percepción del mundo se pierde y muere en un progreso que limita la libertad del hombre y lo programa desde el nacimiento hasta la muerte. Nacer y morir son, nada más, dos ideas entremetidas en el lenguaje de unas tecnologías que desconocen el misterio de la condición humana.

      Muy probablemente sea así: somos los enfermos de una sociedad enferma.

      Y no digo nada nuevo...